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Grup de Solidaritat Jon Cortina

Explotación minera: otra forma de colonialismo

(Publicado en el Diario Colatino el 28 de diciembre de 2007)

Carlos Girón S.

Hablando de solidarismos, nuestro pueblo luchador, en su totalidad, debe unirse y apoyar resueltamente en todas las formas posibles, las marchas y protestas de comunidades contra proyectos de explotaciones mineras en algunas zonas en el Norte y el Oriente de nuestro país.  Dichas comunidades saben, ya sea por experiencias en otros lugares, por intuición o por lo que es la sabiduría popular, que tales proyectos no les traerá ningún beneficio real, sino más bien perjuicios de diferente naturaleza como son daños a la salud, pérdida de la riqueza del subsuelo, así como de nuestra dignidad e independencia, ya que se veremos sometidos a una forma de servidumbre bajo el yugo de las empresas transnacionales que pretenden dedicarse a la explotación de los metales preciosos que son parte de la riqueza y de los pocos recursos naturales que  le quedan a nuestro país.Tales proyectos tienen un nombre claro: colonialismo moderno con otra cara. Y de colonialismos ¡ya basta! ¡Nos sentimos los salvadoreños hasta la coronilla y nos están estrangulando!Es una desgracia el que el Gobierno esté dispuesto a otorgar los permisos para esa nueva forma de saqueo que padecemos en nuestro país. Si es cierto que hay democracia aquí, póngase atención, escúchense las voces de protesta y rechazo del pueblo a dichos proyectos mineros. La Iglesia ya ha escuchado esas voces de alarma y se ha pronunciado también en contra de ese nuevo vandalismo de los colonialistas extranjeros.  En mayo de este año la Conferencia Episcopal de El Salvador emitió el documento “Cuidemos la Casa de Todos”, en el que señaló que la explotación minera a cielo abierto o subterránea constituye un grave peligro para la salud y el medio ambiente.
Nuestro Arzobispo Metropolitano, Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, ha recordado recientemente ese claro y contundente pronunciamiento, diciendo que aunque “la llamada minería verde probablemente pretende hacer reforestación de zonas, hay que tener en cuenta que el 98 por ciento del oro que se extrajese se lo llevarían afuera y que al país le quedaría solamente el 2 por ciento…”.
¿Qué es eso? ¿No es puro colonialismo explotador del Siglo XXI, igual al que lo padecimos de los españoles hace 500 años? ¿Por qué el Gobierno, de hecho, ya lo está permitiendo? Se sabe que al momento, el Ministerio de Economía ha concedido nada menos que 28 permisos a 10 empresas extranjeras para explotaciones mineras en el Norte del país. ¿Es que tiene sentido humano exponer a grandes comunidades a padecer las consecuencias negativas de tales  explotaciones? Serían negativas las consecuencias porque, en primer lugar, por míseros salarios, en las extracciones subterráneas los trabajadores se exponen a elevados riesgos de morir asfixiados o sepultados (como ha ocurrido hace poco en China y México, para citar sólo dos ejemplos) con las explosiones que se provocan para remover grandes masas de tierra y dejar al descubierto los metales preciosos; en segundo lugar, el medio ambiente se contamina y envenena la población con el cianuro en grandes cantidades que se emplea en las extracciones de esta naturaleza; y en tercer lugar, el robo de nuestra riqueza, al llevarse afuera toneladas de oro, como se estima que contiene nuestro subsuelo en las zonas ambicionadas.Aunque el Gobierno es respetuoso de la libertad de expresión, como una excepción debería prohibir la fuerte, truculenta y engañosa campaña publicitaria, especialmente por la radio,  que se mantiene hablando de imaginarias bondades que genera la “minería verde”, como le llaman, mintiendo que son incalculables los beneficios para los países y las comunidades.Lo que nuestro país necesita no son explotaciones que contribuyan a la devastación de nuestro ya de por sí empobrecido suelo y grave deterioro en el medio ambiente, como lo prueba la reducción del caudal del Río Lempa, y las extensas zonas desérticas que antes eran tesoros boscosos; lo que necesita son obras en gran escala e intensivas de reforestación a nivel nacional.Las entidades ecologistas que tenemos en el país harían bien en organizar una marcha multitudinaria del pueblo para rechazar la explotación minera, por constituir otra forma descarada de colonialismo que intereses extranjeros pretenden imponernos a los salvadoreños. Defendamos nuestro orgullo y nuestro nacionalismo patrio: cuidemos la poca independencia y soberanía que nos van quedando.

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