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Grup de Solidaritat Jon Cortina

Jóvenes y futuro

(publicat al Diario Colatino de 24/06/2008)

 

José M. Tojeira

La UCA ha presentado recientemente una Encuesta Nacional de Juventud. Nos muestra una juventud con predominio de la cultura urbana, dependiente de la televisión para informarse, poco afín a la política, más conservadora que progresista, con fuertes sentimientos y vínculos familiares.

Un grupo etario en el que continúan pesando algunos parámetros machistas de nuestra cultura. Y al contrario de la encuesta de adultos, que recientemente priorizaba los temas económicos sobre la violencia, los jóvenes se quejan más de la violencia. La migración les atrae, y en parte ya han experimentado cambios, pues casi una tercera parte de ellos se han mudado alguna vez dentro del territorio nacional. Sus perspectivas en mayor grado son el trabajo y el estudio, y están fuertemente influidos por la cultura consumista.

Es una juventud con mayores niveles de estudio, aunque con peores salarios (desde el punto de vista adquisitivo) que la juventud de hace 30 años. Con una mayor incidencia de enfermedades respiratorias, con un acceso a la vida sexual activa muy temprano y con un inicio así mismo temprano en el consumo de alcohol. A la hora de participar en actividades grupales prefieren con mucho el deporte y la reunión religiosa que cualquier otro tipo de actividad asociada, sea en política, acción comunitaria o cooperativa, etc. Sus confianzas están puestas especialmente en las Iglesias, la Procuraduría de los Derechos Humanos, los Medios de Comunicación, la Secretaría de la Juventud, las alcaldías y la PNC, por ese orden. Los partidos políticos quedan al fondo de sus simpatía e intereses. Sus niveles de victimización son altos y su realidad económica muestra la tendencia normal. Muestra una vez más que en El Salvador hay dos grandes zonas, la metropolitana, y el resto. En la primera los ingresos familiares promedios de los encuestados doblan prácticamente a los de las otras zonas de El Salvador.

Viendo ese panorama hay que decir también que no son mejores ni peores que otras generaciones. Menos inquietos pero más dialogantes. Con raíces hondas familiares y religiosas. Mejor formados, en conjunto, que sus antepasados, digan lo que digan los profetas de que «todo tiempo pasado fue mejor». El problema, una vez más, no es qué hacemos con ellos, sino cómo construimos un país mejor y los integramos activamente a ellos en la tarea. El hecho de que nos parezcan políticamente más pasivos no significa que lo sean. Simplemente no aprecian el modo de hacer política en El Salvador. Y en eso no se distinguen demasiado del pensamiento general de la población, que suele poner en los últimos niveles de confianza a los partidos políticos junto con su cueva-refugio preferencial que es la Asamblea Legislativa.

Tenemos jóvenes con problemas y con valores, como todas las generaciones los han tenido. Ganarse su confianza es la tarea, si queremos un país mejor dentro de algunos años. Especialmente cuando los que ahora estamos en edad productiva pasemos a ser personas de tercera edad o en declive de nuestras capacidades. Pero para ello es indispensable tener políticas de juventud claras.

Y ciertamente no políticas populistas, que les hablen de su importancia para manipularlos después, o políticas paternalistas, que se acerquen a ellos como necesitados de apoyo. Lo fundamental en una política de juventud es incorporar a los jóvenes como verdaderos actores sociales, que en su propia acción van incorporando valores. Un apoyo a las decisiones de los jóvenes, por supuesto abiertas al debate crítico por ambas partes, pero que los impulse a ser actores de la construcción de su propio futuro.

En El Salvador ha sobrado paternalismo y afán de manipular políticamente a los jóvenes. La frase tan repetida maquinalmente por políticos, maestros y todo adulto que se siente con poder sobre los jóvenes, es la famosa de «ustedes son el futuro de la patria». Frase en realidad que no significa nada, semánticamente, más que quienes la dicen se van a morir antes que quienes la escuchan. Pero que esconde con frecuencia la afirmación de que el presente es propiedad de quien habla, y que por tanto hay que obedecerle hasta que se muera o se jubile. Por eso esa frase la pueden decir todos los que les gusta una juventud obediente y no deliberante, sean dictadores, políticos que viven de la política, o maestros de los que ya no pueden decir que la letra con sangre entra, pero que quisieran marcar sus ideas en los alumnos como se marca el fierro en una bestia.

Se necesitan políticas abiertas que impulsen y apoyen a los jóvenes en sus propios proyectos, sean éstos benéficos, solidarios, deportivos, laborales, empresariales, políticos o educativos, manteniendo el diálogo con ellos sin imposiciones. Sin afanes prioritarios de aprovecharlos en beneficio del poder, y mucho menos de convertirlos en carne de cañón de la polarización política salvadoreña. El problema no es de quién va a ser el futuro, que por definición lo será, como decíamos, de quienes hoy son más jóvenes que los que mandan. El problema es la clase de futuro que se nos avecina. Y sin gente dialogante, solidaria, creativa, crítica, El Salvador se verá condenado a seguir en sus crisis.

Y es que el país no necesita clones repetitivos de empresarios egoístas, de políticos polarizados e incapaces de dialogar, o, todavía peor, de militares genocidas y otras hierbas que han poblado con demasiada frecuencia el ámbito del poder salvadoreño. Clones que hoy se reflejan más en las maras que en cualquier otro sector de la juventud salvadoreña, por más que satanicen a las maras algunos sectores del poder, que con tanta frecuencia se han organizado con el mismo estilo que hoy llamamos marero, y antes mafioso y escuadronero. Poner a los jóvenes a analizar su situación, a buscar soluciones, a emprender tareas en los ámbitos de su propio desarrollo cultural, laboral, empresarial y organizativo es la base de la única política de juventud coherente y digna para El Salvador. Ojalá la encuesta de la UCA nos sirva a todos para ver una juventud buena, capaz de labrar su propio futuro si los que nos vamos a morir antes que ellos les apoyamos en el desarrollo de su propia creatividad y libertad.

 

 

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