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Grup de Solidaritat Jon Cortina

Mesa Grande quedó atrás y hoy es Guarjila

Mesa Grande quedó atrás y hoy es Guarjila

Al caer de la tarde, Luis López, evoca un tiempo que es historia, que es sangre... sucedió en las riberas del río Sumpul, en Chalatenango.

Foto Diario Co Latino/Pedro Valle.

 

(publicat al Diario Colatino de 19/07/2008)


Pedro Valle
Redacción Diario Co Latino

Luis López es un joven padre, de palabra fácil y piel morena, que a sus 33 años tiene muchas vivencias que contar. A Luis lo abordamos horas después de un partido de fútbol que disputó con el equipo de su comunidad de origen, Guarjila; gustoso accede a rememorar la década oscura de la guerra civil en nuestro país, en su relato se manifiesta la infancia y el dolor de muchas familias que fueron obligadas a abandonar el país, ubicándose en los campamentos de Mesa Grande, en la República de Honduras.
Los salvadoreños y sus familias emigraron en la década de los ochenta, huyendo de la guerra.
Luis es el quinto miembro de una familia de siete, en ese entonces contaba con cinco años y su familia fue de las primeras que llegaron a los campamentos.
«Recuerdo que era un lugar desierto, las casas eran champas de lona, que no fueron temporales, sino permanentes. Por mi corta edad no podía entender con facilidad el por qué de estar encerrado en ese lugar, mucha gente lo describe como una gran cárcel, donde se podía correr sólo adentro de los límites, salir era arriesgar la vida».
A pesar de contar con la ayuda internacional, los refugiados a duras penas contaban con la comida, les llevó mucho trabajo acostumbrarse a consumir el «maíz amarillo» o la harina, también se las ingeniaban para cultivar hortalizas en pequeños huertos, donde se cultivaba el tomate, la cebolla y la zanahoria, que posteriormente eran distribuidos equitativamente a toda la gente.
«Para mí como niño, esos siete años fueron de vida fácil, de jugar... iba a la escuela, pero no me obligaban, en ese tiempo no sabía la importancia que tenía el aprender a leer y escribir, fue una vida de juego, escuela y más juego».
La vida en los refugios era muy dura, la gente, a pesar de la guerra quería regresar, los líderes realizaban reuniones para organizar el regreso a El Salvador, le pidieron el apoyo a ACNUR para el transporte, ellos de manera estratégica posponían las fechas del retorno, al final hubo tanta presión que no quedó otra alternativa, y en el año de 1987, regresaron por la frontera «El Poy», las comunidades de Las Vueltas, Santa Marta, Copapayo y Guarjila.
«Esa noche, muchos teníamos miedo porque estando en la frontera «El Poy», había presencia del ejército como una invasión, como que nosotros éramos los peores enemigos, en medio de todo eso, un sacerdote comenzó a celebrar la Santa Misa, la gente cantó cada canto con mucho entusiasmo, con el corazón, incluso algunos cantos que eran prohibidos en ese tiempo».
Guarjila fue habitado por pobladores que tenían como destino Arcatao, un municipio en la frontera con Honduras, pero por el estado de la calle, las condiciones no se prestaban para un viaje más largo, entonces en predios donde había mucho zacate, la gente se reubicó en casas deshabitadas, dándole prioridad a familias que traían niños pequeños.
«Todo el mundo al llegar estaba pensando que de un día a otro, íbamos a sufrir un enfrentamiento armado en la comunidad, porque sabíamos que era una zona conflictiva y que el país estaba en plena guerra, lo cuál no tardó, en la misma semana que llegamos hubo un enfrentamiento. Yo realmente tenía miedo, no lo voy a negar, muchas veces me escapaba de la casa y me iba para lugares más seguros, casas de adobe que ya existían allí, porque no quería simplemente morirme».
Los alrededores de Guarjila estaban minados, y las advertencias que recibía la gente era de ser limitado en las distancias, también era un granero de la zona guerrillera, donde podían comer, descansar y llevar provisiones para algún tiempo.
«Yo me acuerdo una vez, que mi mamá estaba tortiando, un soldado le dijo que le vendiera un colón de tortillas, mire le dijo mi mamá, nosotros no le vendemos tortillas a nadie, porque usted es un ser humano como nosotros, se las voy a regalar».
Uno de los personajes históricos y muy queridos por la comunidad de Guarjila, es el padre Jon Cortina, quien realizó muchas obras de desarrollo como la construcción de viviendas, proyectos de agua, la célebre reconstrucción del puente Sumpul, y fundamentalmente la ayuda espiritual en momentos necesarios.
«Él decía que la iglesia era necesaria en una comunidad, pero que él había concluido que la iglesia era la gente, y que si a la gente se le daba casa, vivienda digna, eso era más que una iglesia, que la comunidad es la mejor iglesia que puede existir», finalizó López.

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