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Grup de Solidaritat Jon Cortina

Notícies de El Salvador

"Ver pobreza en España es chocante con la imagen de país desarrollado"

Dos jóvenes beneficiarias del plan Becas Bancaja-América Latina afirman que les sorprende la situación española pero animan a tener esperanza en el futuro


Elsy Mabel Rivera y M.ª Mercedes Pérez, en la sede de Levante-EMV.
Elsy Mabel Rivera y M.ª Mercedes Pérez, en la sede de Levante-EMV. 

AMAT SAPENA VALENCIA El programa Becas Bancaja-América Latina lleva desde 1995 ofreciendo un programa de formación a jóvenes de El Salvador y Nicaragua. El objetivo es convertir a los beneficiarios de estas becas en líderes sociales que, a la vuelta a sus países de origen, puedan aplicar las enseñanzas para contribuir al desarrollo de sus sociedades.
La nicaragüense M.ª Mercedes Pérez es una de las jóvenes becadas por el programa de Bancaja. "Llegué en octubre de 2011. Estoy haciendo un máster en administración y gestión de empresas y estoy trabajando en el departamento de Desarrollo Social de Bancaja. También realizo voluntariado social en Espai Obert de la Malva-rosa, allí desarrollo trabajos de redes sociales y biblioteca. Tenemos actividades complementarias como liderazgo, motivación y técnicas de autocontrol".
Señala que reciben "una formación integral que tiene muchos enfoques como es el liderazgo y la formación de emprendedores que nos ayudará a potenciar el desarrollo en nuestros países. Nos da nociones en temas que no dominamos ,como es la economía, la búsqueda de empleo y la autoestima".
Para M.ª Mercedes Pérez, es fundamental el trabajo de voluntariado que está ejerciendo en Valencia. "Nos cambia también la vida. Trabajamos con gente que es igual a nosotros, inmigrantes".
Cuando regrese a Nicaragua será el momento de poner en práctica lo aprendido aquí. "Antes de venir a Valencia estaba trabajando en la Universidad Centroamericana José Coronel Urtecho, dedicada sobre todo a la docencia, pero también he realizado proyectos de fomento de competitividad empresarial. Vi la oportunidad de viajar a España para prepararme en estos temas y no lo dudé. En nuestros países el crecimiento es menor. Quiero aplicar lo que estamos aprendiendo aquí a los emprendedores y ayudar a los sectores más vulnerables. También es necesario poner en marcha iniciativas para que se genere empleo, optimizar recursos y ayudar a personas desfavorecidas. No me desagradaría volver a la docencia para formar a personas que puedan cambiar la sociedad".
La joven becada por Bancaja define cómo debe ser el papel del economista."El desarrollo no es sólo económico, debe abarcar más aspectos. Muchas veces se limita el papel del economista a una tarea burocrática que sólo ve beneficios para la empresa. Esas ganancias han de retornar a la sociedad. También hay que promover el espíritu emprendedor, dotar de las herramientas necesarias para facilitar la creación de empresas".
M.ª Mercedes es consciente del privilegio de estar recibiendo formación fuera de Nicaragua, un país en el que muchos jóvenes no pueden ir a la universidad. "La juventud de Nicaragua. Hay un porcentaje bajo todavía de jóvenes que acuden a la universidad. Por ahora es un privilegio al alcance de pocos, ya que no todos tienen derecho al acceso a una formación académica superior por su situación social y económica. Existen programas para facilitar la entrada en la universidad pero son políticas que están empezando a aplicarse. En mi universidad más del 60 % son becados. Hay muchos jóvenes que quieren ir pero el coste es muy alto".
La joven nicaragüense habla de la crisis económica en su país. "La crisis tiene un impacto muy fuerte, Nicaragua tiene relaciones de casi dependencia total con Estados Unidos y con Europa, así que la recesión en estas dos zonas repercute mucho. Las exportaciones crecen muy lentas. El petróleo marca mucho nuestra situación, cuando sube como sucede ahora se dispara la inflación por la subida de los precios de artículos de primera necesidad".

El injusto reparto de la riqueza
Unos de los problemas de Nicaragua es el injusto reparto de la riqueza. "El Producto Interior Bruto de Nicaragua crece a un ritmo del 3 y 4 por 100 anual, el problema es que ese crecimiento no se reparte de manera uniforme en la sociedad, no se palpa en la calle. La tasa de desempleo es muy elevada".
Una de las facetas del programa de becas de Bancaja es la formación de emprendedores, que, según M.ª Mercedes Pérez, son muy diferentes a los españoles. "El emprendedor de Nicaragua es muy diferente al español. Bancaja está desarrollando una cátedra en Nicaragua y El Salvador cuya función es captar jóvenes universitarios con iniciativas para crear empresas. Les dota de herramientas y conocimientos y a los ganadores les dota de una cantidad económica para poner en marcha empresas
Elsy Mabel Rivera es otra de las becadas por Bancaja. Esta joven de El Salvador habla de la crisis de sus país y las diferencias que existen respecto a la recesión que sufre España. "La crisis en España es distinta, no se puede comparar la pobreza que hay aquí con la que existe, por ejemplo, en Nicaragua. No hablamos del mismo nivel de desarrollo ni de parecidos niveles de prosperidad. Nosotros tenemos prestaciones sociales mientras estás trabajando mientras que en España hay subsidios que al menos cubren las necesidades más básicas. Existe una protección que en Nicaragua no conocemos. Los españoles deben tener esperanza en el futuro, aunque tengan miedo, aunque parezca que no hay salida han de saber que siempre es un buen momento para crear una empresa. Las iniciativas de éxito surgen en momentos de crisis".
Elsy Mabel remarca el gran problema que supone el paro en los países de Latinoamérica. "La tasa de paro es muy grande en nuestros países, hay que hacer trabajos distintos a los de nuestra formación".

El impacto de la imagen de la pobreza
Le sorprende la imagen de gente pidiendo en la calle. "Cuando llegué en 2003 no vi tanta gente pidiendo por la calle . Es chocante con la idea un de un país desarrollado".
M.ª Mercedes corrobora la opinión de su compañera. "Ver esta situación nos golpea, me impacta. Vemos gente con mucho potencial que no tiene trabajo. Me siento una privilegiada. Nos abre mucho la mente lo que vemos en España, nos hace ser más humanos".

 

Fuente: http://www.levante-emv.com/solidarios/2012/03/27/ver-pobreza-espana-chocante-imagen-pais-desarrollado/892937.html

'He esperado este día toda mi vida'

'He esperado este día toda mi vida'

Pensó que nunca iba a llegar un día como este. La salvadoreña María Elsy Dubón había contado la historia de su niñez rota en más de una ocasión pero, siendo el propio Estado quien la arrancó de su familia hace tres décadas, pensó que nunca lo haría ante una Primera Dama, ante un ministro de Relaciones Exteriores, ante una presidenta del Consejo Nacional de Seguridad Pública.

Tras los Acuerdos de Paz firmados en El Salvador en 1992, Elsy –35 años, fornida, piel clara, ojos oscuros– fue uno de los primeros rencuentros que logró la Asociación Pro-Búsqueda, una ONG fundada por el jesuita vasco-salvadoreño Jon Cortina con la idea de reunificar las familias quebradas durante el conflicto armado.

Pro-Búsqueda acumula más de 800 casos de separaciones forzadas, la mayoría protagonizados por que el Ejército salvadoreño. Casi la mitad han sido resueltos, a pesar de la oposición de los distintos gobiernos de derecha que se sucedieron hasta el año pasado. Actos como la conmemoración del ’Día de la Niñez Desaparecida’ eran hasta este sábado eventos íntimos, sin funcionarios de primer nivel, sin apenas difusión. Hoy cambió.

"Lo que les voy a contar es la página la más triste de mi vida; 28 años han pasado desde aquel día de angustia y dolor…", inició su relato Elsy cuando se subió a la tarima, en el céntrico parque Cuscatlán de San Salvador. A sus espaldas, decenas de retratos de niños de los que aún se desconoce su paradero. Delante, por primera vez, una digna representación del Estado.

Un día especial

Durmió bien la noche anterior Elsy. Se despertó a las 6 de la mañana, desayunó, se duchó, se enfundó unos jeans y una camiseta con el logo de la ONG, y se vino para el parque a las siete. Hasta que comenzaron a llegar las autoridades, a eso de las nueve y media, ayudó a inflar globos y a instalar sillas y pancartas.

No trajo nada anotado. Todo lo llevaba en la cabeza porque "cuando se habla con el corazón, nada puede pasar". Cree con firmeza en las palabras que les dijo el padre Jon Cortina, fallecido en 2005. En más de una ocasión les comentó que cuando muriera, instalaría su oficina en el cielo, y desde allá los seguiría ayudando.

Pasadas las 10 y media de la mañana, Elsy fue llamada a la tarima. Se paró firme, el orgullo en la mirada, como si en verdad el padre Jon Cortina la observara. Y comenzó a contar la página más triste.

Corría 1982, prácticamente en los inicios de la guerra, cuando el Ejército organizó un operativo en el caserío Cerrón Grande de Chalatenango, al norte del país. Ella tenía siete años. La familia –padre, madre, hermanos– huyó a refugiarse los bosques, como casi todas, pero cayeron en una emboscada que fragmentó el grupo.

A Elsy, en brazos la cargaba su padre, y en la confusión, ambos se separaron del resto del grupo. Caminaron hasta que dieron con un par de casas abandonadas. El padre la dejó en el suelo, se adelantó un poco y de una de la casa le dispararon. Herido pero con vida, fue torturado delante de ella, le cortaron la cabeza y la clavaron en una estaca. A Elsy le dieron una pastilla y la venció el sueño.

Orfandad forzada

Entre 1982 y 1994 estuvo en calidad de huérfana en la sede de Aldeas SOS en la ciudad de Santa Tecla, cerca de la capital. Le inventaron una identidad, le pusieron más edad, le cambiaron los nombres de los padres. Pero ella tenía 7 años cuando la arrancaron de su familia y los recuerdos suficientes como para contarlos cuando los colaboradores de Pro-Búsqueda le preguntaron que contara su historia.

"Ésta es la primera vez que el Gobierno se suma a la conciencia de que se violaron nuestros derechos y que hace énfasis en que se va a reparar el daño que nos hicieron", dijo Elsy, firme pero nerviosa por los sentimientos encontrados. Entre el público, la madre de la que estuvo separada 12 años, una anciana canosa, delgada y vestida de celeste.

Cuando terminó de hablar y bajó de la tarima, las dos se fundieron en un abrazo anónimo.

Con el nudo en la garganta por el testimonio de Elsy, llegaron las palabras del canciller, las de la Primera Dama. El anuncio de que, atendiendo al llamado presidencial hecho el pasado 16 de enero, ya está a punto de comenzar a dar sus primeros pasos la Comisión Nacional de Búsqueda de Niños y Niñas Desaparecidos recién creada.

"Este Gobierno no tiene problemas en rescatar la memoria histórica", dijo con su marcado acento brasileño la Primera Dama y también Secretaria de Inclusión Social, Vanda Pignato, en clara alusión al inmovilismo –cuando no oposición– mostrado por los gobiernos predecesores.

Pasadas las 11 y media, cuando la Primera Dama y su comitiva se retiraba, quiso primero despedirse de Elsy. "¿La familia con la que te rencontraste está aquí?", le preguntó. Le respondió que estaba su madre. Y se acercaron a hablar sobre la comisión y sobre la ley de compensación a las víctimas que Pro-Búsqueda promueve. Después, la despedida.

Este sábado 27 de marzo fue un día especial para Elsy, el más esperado de toda su vida, dijo. "La lucha del padre Jon Cortina y de tantos familiares nunca desfalleció, a pesar de que muchas veces fueron ignorados, pero nunca perdieron la esperanza de que llegara un día como hoy".

 

Roberto Valencia. Crónica publicada el 28 de marzo de 2010 en www.elmundo.es

 

Congrés de Teologia

Congrés de Teologia

Congrés de Teologia de l’Alliberament amb motiu del 30è aniversari de la mort de Monseñor Romero

http://www.uca.edu.sv/notas_enter.php

Año 2009, “Con pronóstico reservado”

(Publicat al Diario Colatino de 31/12/2008)

Gloria Silvia Orellana
Redacción Diario Co Latino

El desempleo, el encarecimiento de la Canasta Básica, y la falta de seguridad pública, es el escenario en el cual viven, miles de salvadoreños y salvadoreñas; amén de la demanda permanente de salud, educación y la búsqueda de la razón, para no migrar de forma involuntaria a otro país.

La sociedad civil organizada en salud, medio ambiente, derechos humanos, cívicos y laborales, opinaron que el próximo año 2009, tiene “pronóstico reservado”, que aumenta con los efectos de la recesión financiera de los Estados Unidos, de cuya economía depende el país en un 80%.

Sin importar las expectativas de un relevo del partido político que tome las riendas el próximo quinquenio, las Ong, prevén que muchos salvadoreños y salvadoreñas, van a necesitar respuestas tangibles de sus demandas económicas y sociales.

Silvia Guillén, directora de FESPAD, consideró en el balance del año 2008, que los problemas económicos de la población, fueron acrecentados por las políticas gubernamentales, de las cuales, ha quedado constancia, con el abandono del sector agropecuario, que dejó al país, sin capacidad de cubrir su mercado interno.

“El gobierno sigue insistiendo en sus políticas de apertura comercial, con poca intervención del Estado, y sin medidas específicas para el mejoramiento de la recaudación fiscal, el control a prácticas monopólicas y el combate a la corrupción”, dijo.

La coyuntura electoral que trajo al escenario político, la supuesta existencia de “grupos armados ilegales”, es para Guillén, una acción preocupante, de las autoridades gubernamentales, quienes no encausaron de forma legal el caso, sino que, optaron por un tratamiento mediático.

“Como FESPAD rechazamos la clara posibilidad del uso político de la información confusa, sobre grupos armados ilegales, con fines electorales, realizada por el Consejo de Seguridad Nacional, el Presidente de la República Elías Antonio Saca, y el Ministro de Seguridad Pública René Figueroa”, señaló. La seguridad pública es para las organizaciones una deuda pendiente de los gobiernos de ARENA, quienes, no han podido superar la incapacidad del subsistema de investigación de la Policía Nacional Civil y Fiscalía General de la República, para lograr condenas judiciales.

Medio Ambiente
Ángel Ibarra, ambientalista y presidente de la Unidad Ecológica Salvadoreña (UNES), por su parte, opinó que muchos de los proyectos gubernamentales aumentaron la vulnerabilidad de los pobladores y de los diversos ecosistemas a lo largo del país. Los proyectos mineros, las hidroeléctricas, la carretera longitudinal del Norte, lejos de beneficiar a las mayorías –dijo- Ibarra, sólo pretenden un lucro a las transnacionales.

"El año 2008 no se diferencia de los años anteriores, excepto, que los impactos por la destrucción ambiental, contaminación, y deforestación, son más graves. Es una situación donde los problemas ambientales, tienen impactos más fuertes que en el pasado comenzando con el cambio climático", expresó.

Ley de Búsqueda
Zayra Navas, jurista de la Asociación Pro Búsqueda, que fundó el sacerdote jesuita Jon Cortina, reiteró la permanente falta de los gobiernos del partido ARENA, con el respeto y cumplimiento de los derechos humanos de las víctimas del conflicto armado, que dejó doce años de guerra civil en el país.

“Lamentamos y nos preocupa que no haya una posición clara, con respecto al compromiso que debe haber de todas las instituciones del Estado, para asumir la búsqueda seria y conocer el paradero de las niñas y niños desaparecidos durante el conflicto armado”, afirmó.

Pro Búsqueda presentó un anteproyecto de ley para identificar el paradero de estos niños y niñas, a manera de brindar justicia a sus familiares, ya que la actual Comisión Interinstitucional de Búsqueda, fue objetada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por no cumplir con los requisitos para resolver estos casos.

PDDH avances lentos en materia derechos humanos
El Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH), Óscar Humberto Luna, afirmó que pese a los avances en materia de derechos humanos, hace falta garantizar los derechos económicos, sociales, políticos y culturales de la mayoría de la población. “La crisis financiera de Estados Unidos, el aumento de los combustibles, crisis alimentaria, pobreza mundial, pero las políticas que se adoptan (en el país), no cumplen su cometido y genera problemas en el acceso al trabajo, el derecho a las personas a no ser discriminadas por su discapacidad o a los adultos mayores”, reconoció.

El procurador consideró importante la atención especializada e inmediata de grupos vulnerables como la niñez, jóvenes y mujeres, de los cuales, recomendó la ratificación de las Convenciones Internacionales, que hacen prevalecer sus derechos como ley de la nación.

“No puedo obviar la situación del medio ambiente, cuya ausencia de políticas públicas efectivas, y con esto me refiero a la minería, carbón, rellenos sanitarios, gas licuado, no han sido previstas por el gobierno”, indicó.

Además, mostró su preocupación ante las denuncias contra el Ministerio Público (PNC, FGR, PGR), de las cuales, un mil 723 fueron contra la PNC; 246 contra la Fiscalía General de la República y 133 denuncias, contra la Procuraduría General de la República.

Un país hostil para los jóvenes

(publicat a elfaro.net el 21/07/2008)


 


Ya solo encontrar trabajo es difícil. Y lo es más si se es joven y si se busca un trabajo decente. Hay quien tuvo que ahorrar para renunciar, en un esfuerzo supremo por tratar de construirse una vida digna.  Con tasas de desempleo de 12.4% y de subempleo que alcanza el 50%, las personas entre 15 y 24 años tienen pocas opciones de incorporarse al mercado laboral. La alternativa: engrosar las filas del paro, aceptar trabajos con ingresos que rayan en lo absurdo o buscar mejor suerte fuera del país. 


 


Rodrigo Baires Quezada


“Trabajo no hay… entonces toca hacer lo que sea, lo que haya aunque no te paguen lo que uno se merece”. La frase puede ser lapidaria, pero no extraña. La dice Élmer, un joven de 17 años con excelentes notas del Instituto Nacional de Comasagua, al suroeste de Santa Tecla. Lo repiten Fátima, de 18 años, su compañera de pupitre; René, un tipografista de 23 años de Soyapango; Rafael y Ana,  egresados de derecho y desempleados; y Jaime, un ex pandillero convertido a evangélico.


Todos tienen historias personales dispares. El punto en común es ser jóvenes entre los 15 y los 24 años, ese grupo etario que aporta el 18.93% de la población en edad de trabajar -según el último censo de población-, que trabajan, han trabajado o están buscando oportunidades en un mercado laboral que les es hostil por su edad, según reveló el Informe de Desarrollo Humano 2007-2008 del PNUD, realizado con base en los datos de la Encuesta de Hogares y Propósitos Múltiples de 2006 (EHPM 2006).


Mientras las tasas de desempleo abierto general de El Salvador bajaron dos puntos porcentuales entre 1992 y 2006, alcanzando un 6.6% de la población económicamente activa (PEA), en el caso de los jóvenes entre 15 y 24 años de edad “son casi el doble de las que registra en promedio la población nacional”, indica el estudio. Para esta rango de edad, el desempleo alcanza 12.4%.


¿La razón? Falta de oportunidades reales de acceder al trabajo. Una prueba de esto es que al desagregar las tasas de acuerdo con los años de estudio aprobados, los menos educados registran tasas de desempleo incluso menores que las de los jóvenes más educados (13.3% para jóvenes sin educación, y 14.7% para el segmento que ha cursado de diez a 12 años de estudio). “Mejores estudios no garantizan a los jóvenes acceso a un trabajo decente”, sostiene William Pleitez, economista y coordinador del grupo que realizó la investigación.


“Uno se mata estudiando para poder optar a mejores trabajos”, sostiene Élmer y sus notas esperan una oportunidad de demostrar que es “bueno” para trabajar. Para él, un buen trabajo garantizaría poder seguir con sus estudios universitarios en derecho y poder contribuir económicamente con su familia. “He trabajado vendiendo pan en los cantones cercanos… Luego pedí trabajo en la Alcaldía y me pagaban 65 dólares. ¿Qué hacía? De todo, chapodar, arreglar calles… todo. Pero para poder ir a la universidad se necesita un mejor empleo”, dice.


La forma en que se comporta el mercado laboral salvadoreño, aún con mejores niveles educativos –los jóvenes actuales, con 8.2 años de estudios aprobados, tienen un capital educativo que duplica al de la generación de sus padres, 4.7 años- deja claro que este grupo de edad es el que mayor problema tiene para encontrar un empleo de calidad; y que los mismos salarios no muestran una correspondencia con las mejoras en educación y en productividad de los trabajadores.


 


Los afectados del subempleo


“Mucho trabajo no hay en el pueblo y toca hacer lo que se pueda”, dice Élmer. En términos técnicos, engrosar las filas del subempleo, un trabajo con menos de 40 horas semanales, sueldos por debajo del mínimo establecido y sin seguro social o fondos de pensiones o sin ambas prestaciones. Para 2006, cinco de cada 10 trabajadores de las zonas rurales estaban en situación de subempleo, comparados con uno de cada tres en las áreas urbanas. Los datos se disparan en el caso de los jóvenes al 43.3%. “Lo que haya”, repite Élmer.


Los datos de la EHPM 2006, realizada por la Dirección General de Estadística y Censos (Digestyc) revelan que la tasa de subutilización laboral -la suma de desempleados y subempleados- entre los jóvenes es 12 puntos porcentuales más alta (62.4%) que la tasa nacional (49.9%).

Rafael sonríe con desgano al escuchar los datos. Tiene 25 años y es desempleado, aunque justo eso le ha permitido hacerse perito en algo. “Me hice experto en llenar formularios de entrevistas de trabajo”, dice, con ironía. “En algunos casos llegué hasta la segunda entrevista personal; en otros, me llamaban y resultaba que el puesto de ‘asistente de oficina’ era pura paja… querían vendedores y como que un estudiante de derecho no pega en eso”, resume.


Él hizo sus números antes de aceptar trabajar de vendedor. “Era un empleo de estos de vender paquetes para aprender inglés. No había sueldo fijo dice que porque entrabas en un período de prueba casi indefinido, mucho menos Seguro Social o Fondo de Pensiones. Te daban 60 dólares por paquete vendido… ¡Cada paquete costaba 4 mil dólares!”. En pocas palabras, tenía que vender 12 mil dólares cada mes para obtener 180 dólares y equipararse con el salario mínimo del sector de servicios. Si a eso le restaba los costos de transporte y alimentación, además de “rebuscarse hasta los fines de semana” para poder vender, le pareció que el trato no era justo. No aceptó.


Ana está a su lado en silencio. Conoció a Rafael en la escuela de Derecho de la Universidad de El Salvador y coincide con él en estar desempleada. “Yo, porque renuncié para poder terminar mis estudios… para hacer las prácticas jurídicas”, sostiene. Rafael contó con el apoyo de su familia y la paga de algunos trabajos esporádicos para pagar sus estudios; Ana no tuvo esa suerte. “A mí me tocó trabajar desde el principio. Pasé como un año desempleada, metí como 20 currículos en todas partes y terminé vendiendo líneas y teléfonos de Telecom… la paga era buena, pero personal y profesionalmente era frustrante para mí”, dice.


“Es un recurso humano que estamos desaprovechando”, dice William Pleitez. Según el estudio, debería de ser prioritaria la creación de un sistema que apoye la inserción laboral de los jóvenes en sus primeros empleos, y bajo una estrategia nacional de pleno empleo, asegurar que las plazas a las que acceden sean de calidad y contribuyan a su crecimiento personal. En el caso de Ana era frustrante. Así que optó por enfrentar el desempleo como única opción para “sentirse bien” con ella misma. Después de cansarse de pelear por sus derechos laborales en la empresa, decidió que era el momento de dejar el trabajo, terminar sus prácticas jurídicas y esperar que el futuro le depare un trabajo mejor en su área de estudios. “Ahorré para poder renunciar. Estoy vendiendo mi carro, porque es un lujo que no puedo mantener; hago trabajo ad honórem en una organización no gubernamental; y ya veremos qué sale cuando termine del todo mi carrera”, dice con esperanza.


 


Más empleo, menos violencia


Para Pleitez, el tema del empleo pasa más allá del desarrollo económico y personal de un joven. “El trabajo es un factor de inserción social al que históricamente no se le ha dado la importancia desde los planes o las políticas de gobierno”, dice. Según el investigador, un empleo decente no sólo asegura el poder satisfacer las demandas económicas de los trabajadores sino que, además, permite no repetir patrones de violencia social.


Esto sería de vital importancia en un sector de la población caracterizado por vivir en condiciones de pobreza y exclusión social. El estudio describe que la población joven registra mayor involucramiento en actividades violentas, lo cual refuerza la dinámica de reproducción intergeneracional de la pobreza y la desigualdad. Jaime es un ejemplo de ello.


Piel morena, manos llenas de callos, un cabello delgado y cortado al ras. Nació y creció en Quezaltepeque. Y en el mismo municipio aprendió a leer en la escuela pública, a trabajar y a consumir drogas. “Uno hace lo que los otros hacen… trabajaba pero ahí estaba la mara y terminé en la mara como una forma de protección. Es sencillo, o sos parte o estás en su contra… mejor es ser parte”, dice con resignación.


“Mi papá siempre trabajó… Cuando se murió, las cosas cambiaron. No había plata, no había comida. Sin él, me tocó hacer de todo. Siempre fui trabajador hasta que me metí en huevos. Le hice a todo: recadero, vendedor de pan, obrero de la construcción, mecánico automotriz y cobrador de buses”.


Según su lógica, las condiciones de su trabajo lo llevaron a la mara; la mara, a las drogas; y las drogas, a robar para tener “chirilicas” y comprar marihuana, primero, y piedra (crack), después. “Pero estoy limpio… soy cristiano desde hace dos años”, sostiene, sonríe y explica la segunda parte de su historia en pocas palabras: “Era cobrador de buses… ¿La ruta? Te la debo. La mara pasaba la renta y presionaba para que te metieras a la clica. Me metí porque siendo de ellos, pues, no te tocan. Un día probé un puro, me gustó y caí… dejé de trabajar y me metí de lleno en ese volado. Hay días que no recuerdo qué hice… gracias al Señor que ya no estoy en eso”.


La historia de Jaime calza a perfección con lo que detalla el estudio del PNUD: “En un contexto de pobreza persistente y de alta desocupación, la población joven resulta muy vulnerable a la dinámica de la violencia. El desempleo, especialmente entre los jóvenes urbanos que han abandonado la escuela, se ha asociado en diversos estudios con altos niveles de criminalidad.”


“Cuando uno está sano, no es difícil encontrar trabajo… lo importante es no ahuevarse y hacer lo que toque”, asegura Jaime. “Lo yuca es cuando ni haciendo cualquier cosa te dan trabajo… uno siente bien feo. Yo porque soy cristiano no vuelvo a esa mala vida… pero a veces dan ganas de mandar todo a la mierda y volver a la calle a robar. ¡Puta, si uno quiere trabajar, ser honesto!”


 


Inmigración, la última salida


Aún con los dispuestos a hacer lo que toque, el mercado laboral todavía parece no poder absorber a todos los jóvenes. “Aquí se ve la falta de oportunidades. En Comasagua se puede optar por trabajar en las maquilas de la Zona Franca de Santa Tecla, los nuevos centros comerciales, trabajo doméstico, en caso de las mujeres, y el agrícola, en los hombres… por último, solo queda la Policía Nacional Civil (PNC) o emigrar, dejar el pueblo o el país”, dice Vanesa Rivera, profesora del instituto de la localidad.


¿El empleo para los jóvenes no es una prioridad en el país? Según el Ministerio de Trabajo, sí. “Tenemos una guía de propuestas para el fomento del empleo juvenil desde hace tres años. Lo que pasa es que no le han dado la cobertura periodística para que se pueda difundir esto”, dice José Roberto Espinal, titular de la institución. ¿Qué faltaría hacer? “Un pacto nacional como lo propone el informe del PNUD. El Ministerio no puede darle trabajo a todas las personas de El Salvador, pero sí podemos ser un bastión para coordinarlo”.


Para ejemplo, Espinal cita programas como el de Promoción de empleo juvenil y formación ocupacional, que se desarrolló en siete ciudades del Área Metropolitana de San Salvador, en 2007, y que buscaba proporcionar una formación laboral según las estructuras productivas de los municipios atendidos. La población beneficiaria: dos mil jóvenes de Ciudad Delgado, Tonacatepeque, San Martín, Ilopango, Cuscatancingo, Santa Tecla y Antiguo Cuscatlán.


Además, estaría la realización de la Red Nacional de Oportunidades de Empleo –coordinada con municipalidades y sociedad civil- que se encuentra descentralizada, y las ferias de trabajo que, según Espinal, brindan un “trabajo decente” a los jóvenes. “En las Ferias del Empleo se ponen a disposición plazas en la industria, comercio y servicios, todas del sector formal. Entonces, se cumple con lo estándares de trabajo decente que expone el informe del PNUD”. Sólo a las ferias realizadas entre 2004 y 2008, se han logrado colocar 81 mil 970 personas. ¿Cuántas son jóvenes? El dato no lo sabe el ministro. Tampoco sabe sobre los sueldos, aunque el PNUD pone el umbral promedio de un trabajo decente en un poco más de 500 dólares al mes.


Fátima es de las que no cree en la bolsa o ferias de trabajo y de las que optan por dejar el país, una vez termine sus estudios a fines de este año, para conseguir algo mejor. A los 16 años dejó de estudiar en 2006. Dejó su casa en el cantón El Faro, a cinco kilómetros de Comasagua, y se fue a trabajar de doméstica en una casa de Santa Tecla. El salario, 75 dólares mensuales. Ahorró durante un año completo para poder pagar los gastos de los dos años de bachillerato. “He pensado en irme para el norte”, dice. “Tengo un pariente que ya tiene el dinero para mandarme a traer. ¿Mojada? Sí. ¿Si vale la pena? Claro, aquí todo cada vez es más caro y no hay oportunidades.”


René piensa igual. Su historia personal es la de dar saltos. El primero lo dio a los 18 años cuando entendió que para garantizar los estudios de sus dos hermanos menores tenía que dejar sus sueños de ser profesional. Y dio el salto hacia el mercado laboral. Primero como aprendiz, luego como ayudante. Ahora, con seis años de experiencia, ya maneja todas las máquinas de la imprenta en la que trabaja. “Pero ahora ya no alcanza con lo que gano yo y mi madre. Si quiero ver mejor a mi familia, lo mejor es irse para allá donde se puede ganar bien… aquí, no creo que llegue más allá de lo que hago en esta imprenta”, dice.


Según la encuesta de Nacional de Juventud realizada por la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” en julio de 2007, los jóvenes, en general, se muestran preocupados por los problemas económicos del país (44.9%) y de inseguridad social (42.9%); nueve de cada diez creía que la situación económica del país seguía igual o había empeorado en el último año; y aquellos quienes han tenido trabajo formal son los que más piensan en emigrar, un dato que aumenta entre los jóvenes de 20 a 24 años (33.5%).


“La migración ha sido una válvula de escape para el mercado laboral durante los últimos años. Es más de un millón de personas que viven fuera y a las que el país no ha tenido que ofrecerles trabajo”, dice Pleitez. Y los que han decidido quedarse se han enfrentado con que los empleadores, bajo una lógica de mercado, la mayoría de veces pagan salarios por debajo del mínimo de lo que están dispuestos a aceptar los trabajadores. “Y si no estás a gusto con lo que ganás y tenés conocimiento del mercado global, de los salarios que se puede obtener en otros países por hacer lo mismo que estás haciendo aquí, la opción de irse de El Salvador está presente”, agrega el investigador.


Jaime es de esos y piensa dar el siguiente salto, uno de más de 3 mil 500 kilómetros en línea recta, cuando tenga los 2 mil 500 dólares del primer pago que le pide el coyote. “Será en diciembre si Dios quiere. Allá (Estados Unidos) es diferente, se vive mejor, se gana mejor y se puede ayudar a la familia con un dinerito todos los meses… así es más fácil dejar los frijoles y las tortillas”, cierra y se tira una carcajada, como quien quiere convencerse a sí mismo de que ha tomado la decisión correcta.


 

Mesa Grande quedó atrás y hoy es Guarjila

Mesa Grande quedó atrás y hoy es Guarjila

Al caer de la tarde, Luis López, evoca un tiempo que es historia, que es sangre... sucedió en las riberas del río Sumpul, en Chalatenango.

Foto Diario Co Latino/Pedro Valle.

 

(publicat al Diario Colatino de 19/07/2008)


Pedro Valle
Redacción Diario Co Latino

Luis López es un joven padre, de palabra fácil y piel morena, que a sus 33 años tiene muchas vivencias que contar. A Luis lo abordamos horas después de un partido de fútbol que disputó con el equipo de su comunidad de origen, Guarjila; gustoso accede a rememorar la década oscura de la guerra civil en nuestro país, en su relato se manifiesta la infancia y el dolor de muchas familias que fueron obligadas a abandonar el país, ubicándose en los campamentos de Mesa Grande, en la República de Honduras.
Los salvadoreños y sus familias emigraron en la década de los ochenta, huyendo de la guerra.
Luis es el quinto miembro de una familia de siete, en ese entonces contaba con cinco años y su familia fue de las primeras que llegaron a los campamentos.
«Recuerdo que era un lugar desierto, las casas eran champas de lona, que no fueron temporales, sino permanentes. Por mi corta edad no podía entender con facilidad el por qué de estar encerrado en ese lugar, mucha gente lo describe como una gran cárcel, donde se podía correr sólo adentro de los límites, salir era arriesgar la vida».
A pesar de contar con la ayuda internacional, los refugiados a duras penas contaban con la comida, les llevó mucho trabajo acostumbrarse a consumir el «maíz amarillo» o la harina, también se las ingeniaban para cultivar hortalizas en pequeños huertos, donde se cultivaba el tomate, la cebolla y la zanahoria, que posteriormente eran distribuidos equitativamente a toda la gente.
«Para mí como niño, esos siete años fueron de vida fácil, de jugar... iba a la escuela, pero no me obligaban, en ese tiempo no sabía la importancia que tenía el aprender a leer y escribir, fue una vida de juego, escuela y más juego».
La vida en los refugios era muy dura, la gente, a pesar de la guerra quería regresar, los líderes realizaban reuniones para organizar el regreso a El Salvador, le pidieron el apoyo a ACNUR para el transporte, ellos de manera estratégica posponían las fechas del retorno, al final hubo tanta presión que no quedó otra alternativa, y en el año de 1987, regresaron por la frontera «El Poy», las comunidades de Las Vueltas, Santa Marta, Copapayo y Guarjila.
«Esa noche, muchos teníamos miedo porque estando en la frontera «El Poy», había presencia del ejército como una invasión, como que nosotros éramos los peores enemigos, en medio de todo eso, un sacerdote comenzó a celebrar la Santa Misa, la gente cantó cada canto con mucho entusiasmo, con el corazón, incluso algunos cantos que eran prohibidos en ese tiempo».
Guarjila fue habitado por pobladores que tenían como destino Arcatao, un municipio en la frontera con Honduras, pero por el estado de la calle, las condiciones no se prestaban para un viaje más largo, entonces en predios donde había mucho zacate, la gente se reubicó en casas deshabitadas, dándole prioridad a familias que traían niños pequeños.
«Todo el mundo al llegar estaba pensando que de un día a otro, íbamos a sufrir un enfrentamiento armado en la comunidad, porque sabíamos que era una zona conflictiva y que el país estaba en plena guerra, lo cuál no tardó, en la misma semana que llegamos hubo un enfrentamiento. Yo realmente tenía miedo, no lo voy a negar, muchas veces me escapaba de la casa y me iba para lugares más seguros, casas de adobe que ya existían allí, porque no quería simplemente morirme».
Los alrededores de Guarjila estaban minados, y las advertencias que recibía la gente era de ser limitado en las distancias, también era un granero de la zona guerrillera, donde podían comer, descansar y llevar provisiones para algún tiempo.
«Yo me acuerdo una vez, que mi mamá estaba tortiando, un soldado le dijo que le vendiera un colón de tortillas, mire le dijo mi mamá, nosotros no le vendemos tortillas a nadie, porque usted es un ser humano como nosotros, se las voy a regalar».
Uno de los personajes históricos y muy queridos por la comunidad de Guarjila, es el padre Jon Cortina, quien realizó muchas obras de desarrollo como la construcción de viviendas, proyectos de agua, la célebre reconstrucción del puente Sumpul, y fundamentalmente la ayuda espiritual en momentos necesarios.
«Él decía que la iglesia era necesaria en una comunidad, pero que él había concluido que la iglesia era la gente, y que si a la gente se le daba casa, vivienda digna, eso era más que una iglesia, que la comunidad es la mejor iglesia que puede existir», finalizó López.

Por qué parten a EEUU. Informe desde El Salvador

(publicat a Rebelión el 02/07/2008)

 

Alexandra Early

CounterPunch

 

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

 

Acabo de pasar un cierto tiempo en un país pobre al sur de la frontera de EE.UU., cuya principal exportación es gente. Vi de primera mano lo que impulsa a la gente hacia el norte – y por qué soluciones políticas convencionales no van a disuadir a salvadoreños desesperados de irse a EE.UU. Lo que falta en gran parte en la campaña electoral de este año es alguna reevaluación seria de nuestras políticas exterior, militar y comercial, que han obligado a millones de latinoamericanos a desarraigarse y a buscar oportunidades para una vida mejor lejos de sus hogares.

En la campaña presidencial, hasta los críticos del libre comercio suministraron poca educación al público sobre la relación entre la globalización corporativa, la desregulación del comercio, y la resultante relocalización obligada de la gente, en ambos hemisferios. Por ejemplo, mientras hacía la corte a los trabajadores manuales en los estados agrícolas y del cinturón de las manufacturas (que a menudo son lo mismo en estos días), Edwards frecuentemente denunció el Acuerdo de Libre Comercio de Norteamérica (NAFTA) – y su nuevo equivalente centroamericano, CAFTA – como “leyes comerciales que mandan puestos de trabajo estadounidenses al exterior. En Iowa, Michigan, y Ohio, el libre comercio ha caída en desgracia porque amenaza la manufactura local en comunidades rurales que ya están tan deprimidas económicamente que algunas se están despoblando. Como preguntara Lorri Brouer, un propietario de mediana edad de una tienda de regalos de Iowa Falls, a un periodista del Boston Globe en enero: “¿Quién va a apagar las luces cuando envejezcamos y muramos, porque todos los jóvenes se van?”

En mis recientes viajes al campo salvadoreño, escuché un eco del temeroso refrán de Lorri Brouer en numerosas pequeñas aldeas (donde la ausencia de personas entre 25 y 55 años es a menudo bastante obvia). En una remota comunidad agrícola en Usulután, los campesinos que quedan luchaban por sobrevivir pastoreando ganado y cultivando frijoles y maíz entre ciclos de inundaciones y sequías. En su mayoría se habían establecido en la región después de haber sido convertidos en refugiados por la guerra civil de 12 años en El Salvador. Algunos habían luchado como combatientes contra las fuerzas del gobierno, que recibió 4.000 millones de dólares en ayuda de contrainsurgencia de EE.UU. durante los años ochenta. Como la mayoría de los residentes siguen apoyando a la izquierda, el gobierno derechista de la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) de Elías Antonio Saca no ha suministrado la ayuda y los servicios sociales necesarios (que son puestos a disposición de electorados más amigos).

La madre y el padre de una familia numerosa con la que viví me mostraron orgullosamente fotos de graduación de secundaria de sus dos hijos mayores. Pero su orgullo estaba mezclado de tristeza y pena. Su hijo y su hija habían emigrado ilegalmente a Houston después de completar el noveno año en la escuela, sumándose a los 100.000 compatriotas que se van cada año. Con pocas posibilidades de empleo local – y pocas también en la capital San Salvador – los jóvenes del pueblo “cumplen catorce, y se van todos,” explicó la mujer. Mostró la foto de su hija sonriendo, con su toga y birrete: “Cuando hablamos por teléfono, dice que nos echa de menos. Llora y dice que no le gusta allá y que quiere volver a casa.”

Esta partida obligada de gente – una tragedia humana en escala masiva – es el núcleo de los acuerdos comerciales. Promulgado, hace quince años, el NAFTA estableció un modelo regional que ya es familiar. Ha permitido que las compañías de cereales de EE.UU. “vendan a precios ruinosos maíz barato en el mercado mexicano, mientras al mismo tiempo México fue obligado a recortar sus subsidios agrícolas.” Pobres agricultores en Oaxaca y Chiapas ya no pueden vender sus cosechas a precios que cubran sus costes de producción. Por lo tanto se han unido a la corriente de seis millones de mexicanos que buscan trabajo en EE.UU.

El economista salvadoreño Alfonso Goitía ve que el mismo fenómeno ocurre en El Salvador donde un 40% de la fuerza laboral sigue empleada en la agricultura. De una población total de seis millones, 750.000 salvadoreños se convirtieron en exiliados políticos o económicos antes de los acuerdos de paz de 1992 que terminaron la guerra civil. Hoy en día, dos millones viven en EE.UU. porque – bajo una serie de gobiernos de ARENA durante los últimos quince años – El Salvador ha abrazado el libre comercio, adoptado el dólar como moneda, privatizado los servicios públicos, ratificado el CAFTA, y consignado a un gran porcentaje de la población a continua pobreza y explotación.

En el campo, pequeños agricultores no pueden mantener sus propias parcelas sin apoyo gubernamental o sobrevivir con salarios como jornaleros en haciendas más grandes. Para los que se ven obligados a buscar trabajo en áreas urbanas, las alternativas tampoco son buenas. En el sector manufacturero, los puestos de trabajo se concentran en fábricas en zonas de exportación de alta seguridad, con salarios bajos, condiciones de trabajo de talleres de máxima explotación, y empleadores multinacionales que destruyen los sindicatos. Un esfuerzo en el año pasado de SUTTELL, el sindicato de trabajadores de la telefonía, por organizar a mujeres ensambladoras en ABX Industries, fabricante de componentes electrónicos en San Bartolo, llevó al despido y posterior inclusión en listas negras de 30 de ellas, con la complicidad del Ministerio del Trabajo. Como sucede a menudo, las víctimas de esta campaña – con quienes me reuní en noviembre – habían sido forzadas a la economía informal, sumándose al vasto ejército de salvadoreños que ya venden por las calles frutas, zapatillas, juguetes, bocadillos empaquetados, y comidas hechas en casa en tambaleantes puestos callejeros y en sitios en abarrotados mercados centrales en todo el país.

Una de las líneas de mercancías más vendidas por los vendedores callejeros – CD y DVD piratas, los convierte ahora en objetivo especial para la policía local, entrenada por la Academia Internacional de las Fuerzas del Orden Público en San Salvador, financiada por EE.UU. En el país en el que EE.UU. otrora financió e instigó a “escuadrones de la muerte,” ahora gasta millones de dólares de ayuda para orquestar la represión contra cualesquiera presuntos infractores de los “derechos de propiedad intelectual” protegidos por el CAFTA.

No sorprende – en vista de un “mercado laboral” urbano y rural tan problemático – que haya visto regularmente a grandes multitudes en la Embajada de EE.UU. en San Salvador, esperando durante horas con sus documentos en mano, para solicitar alguna forma de ingreso legal a EE.UU. Un estudio reciente de la Universidad de Centroamérica informó que un 42% de todos los salvadoreños que siguen viviendo en su propio país partirían para EE.UU. si tuvieran la oportunidad. Sean aprobados o no, el arancel no reembolsable por la entrevista personal requerida para obtener una visa de EE.UU. es de 65 dólares – una suma considerable en un país en el que el salario mínimo mensual es de 157 dólares. Las filas de gente esperanzada que culebrean alrededor de los altos muros del complejo parecido a un castillo de la embajada, son encerradas ahora en su propia estructura adyacente, una especie de depósito de autobuses de inmigración (con un número muy limitado de pasajes disponibles).

Cuando son frustrados sus intentos de entrar legalmente a EE.UU., los salvadoreños que pueden vender alguna tierra o sacar préstamos personales contratan a un coyote que cobra entre 4.000 y 6.000 dólares para la ayuda extraoficial de inmigración. Con o sin un semejante guía “profesional,” los emigrantes son vulnerables a asaltos, robos y violaciones a lo largo de la prolongada ruta terrestre que pasa por Guatemala y México. En 2006, el Centro de Recursos Centroamericanos documentó cientos de muertos y heridos entre salvadoreños que intentaban cruzar a EE.UU. a pie. Mientras los periódicos de EE.UU. informan sobre temores locales ante invasores de habla española, los medios salvadoreños publican regularmente historias sobre niños que desaparecen en el desierto de Arizona o Texas o de jóvenes mujeres que se ahogan cuando sus botes resquebrajados zozobran ante la costa de México. Mientras tanto, dentro del país, la desintegración de las familias es un gran problema social salvadoreño. Madres y padres que se van dejan a sus niños a cargo de abuelos y otros parientes; algunos niños crecen con poca supervisión, se sienten abandonados, y terminan por contribuir al “problema de pandillas” del país, conocido en todo el mundo. El chivo expiatorio de todos, las pandillas callejeras salvadoreñas son ciertamente violentas y un sistema que alimenta un sistema carcelario nacional repleto al doble de su capacidad. Y la legítima preocupación popular por el crimen callejero – que hace que muchos residentes en las ciudades teman salir en la oscuridad – es fácilmente manipulada por la derecha, a fin de promover su propio programa de medidas de seguridad interiores (que infringen las libertades civiles).

Un aspecto en el que el presidente Bush y sus aliados de ARENA tienen realmente ideas bastante contrarias, nunca es reconocido en público. En la idea optimista del mundo de Bush, los miembros leales de la “coalición de los dispuestos” no sólo envían tropas a Iraq (como hizo el presidente Saca) para llevar los beneficios de los libres mercados a Oriente Próximo, también mantienen a la gente en sus granjas en casa – en lugar de que se vaya a EE.UU. – exponiéndola a los beneficios del capitalismo interior sin restricciones. En realidad, El Salvador, depende considerablemente de remesas de dinero – los ingresos de cientos de miles de sus ciudadanos que trabajan en el exterior. En 2006, los salvadoreños mandaron a casa 3.300 millones de dólares – lo que representa cerca de un 18% del PIB de la nación. Esas remesas mantienen a flote la economía y, al amortiguar el impacto de las políticas de austeridad impuestas desde el exterior, operan como una inmensa válvula de escape social. Con bien merecidos dólares de EE.UU. que fluyen a tantas familias y comunidades de bajos ingresos, hay mucho menos presión sobre el gobierno para que grave con impuestos a los ricos o a corporaciones para que paguen su parte correspondiente del coste de escuelas, carreteras, eliminación de basura, atención sanitaria, y otros servicios públicos. En otra localidad en Usulután que visité, un grupo de agricultores me mostró orgullosamente la recién mejorada ruta que conecta sus campos con los mercados más cercados; cansados de esperar ayuda para obras públicas del gobierno, tomaron las cosas en sus propias manos y, con ayuda de su propio trabajo y medios – de hijos, hermanos y otros que trabajan en EE.UU. – habían hecho ellos mismos la construcción necesaria.

A pesar del aumento de la represión (en la forma de nuevas leyes que convierten diversas formas de protesta política en actos “terroristas”), los movimientos sociales salvadoreños también se mueven. Su objetivo – y, ojalá, plataforma electoral, cuando el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) desafía a ARENA en la elección presidencial del próximo año – reivindica la idea del desarrollo económico nacional, alimentado por inversiones públicas muy necesarias. El otoño pasado, miles de salvadoreños, agitando pancartas, marcharon en la capital para “Defender el Derecho al Agua” – en una gran protesta contra la privatización orientada a impedir la amenaza de una apropiación corporativa del sistema público de agua salvadoreño aquejado por problemas. Sobre sus cabezas, los manifestantes equilibraban los coloridos recipientes de plástico que mujeres y niños utilizan para llevar agua en sus largas caminatas hacia y desde pozos, vertientes, y bombas en áreas rurales. A los oradores locales se sumaron varios visitantes norteamericanos, incluyendo el ex embajador de EE.UU. Robert White y la legisladora de Maryland, Ana Sol Gutiérrez, que apoyaron el llamado a favor del aumento del acceso al agua potable. Desgraciadamente, sólo un puñado de norteamericanos comparten actualmente su comprensión de que el financiamiento público de la creación de puestos de trabajo, ayuda a la agricultura, derechos de los trabajadores, caminos y escuelas decentes, y otros servicios básicos, son precisamente lo que se necesita para mantener a más salvadoreños en El Salvador, donde la mayoría preferiría quedarse.

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Alexandra Early es una reciente graduada de la Universidad de Wesleyan de Estudios Latinoamericanos, que trabajó en El Salvador para CRISPAZ, un grupo de solidaridad a través de las fronteras y de justicia social. Para contactos, escriba a: earlyave@gmail.com. Para más información sobre CRISPAZ, vea: www.crispaz.org .

http://www.counterpunch.org/early06302008.html

 

Jóvenes y futuro

(publicat al Diario Colatino de 24/06/2008)

 

José M. Tojeira

La UCA ha presentado recientemente una Encuesta Nacional de Juventud. Nos muestra una juventud con predominio de la cultura urbana, dependiente de la televisión para informarse, poco afín a la política, más conservadora que progresista, con fuertes sentimientos y vínculos familiares.

Un grupo etario en el que continúan pesando algunos parámetros machistas de nuestra cultura. Y al contrario de la encuesta de adultos, que recientemente priorizaba los temas económicos sobre la violencia, los jóvenes se quejan más de la violencia. La migración les atrae, y en parte ya han experimentado cambios, pues casi una tercera parte de ellos se han mudado alguna vez dentro del territorio nacional. Sus perspectivas en mayor grado son el trabajo y el estudio, y están fuertemente influidos por la cultura consumista.

Es una juventud con mayores niveles de estudio, aunque con peores salarios (desde el punto de vista adquisitivo) que la juventud de hace 30 años. Con una mayor incidencia de enfermedades respiratorias, con un acceso a la vida sexual activa muy temprano y con un inicio así mismo temprano en el consumo de alcohol. A la hora de participar en actividades grupales prefieren con mucho el deporte y la reunión religiosa que cualquier otro tipo de actividad asociada, sea en política, acción comunitaria o cooperativa, etc. Sus confianzas están puestas especialmente en las Iglesias, la Procuraduría de los Derechos Humanos, los Medios de Comunicación, la Secretaría de la Juventud, las alcaldías y la PNC, por ese orden. Los partidos políticos quedan al fondo de sus simpatía e intereses. Sus niveles de victimización son altos y su realidad económica muestra la tendencia normal. Muestra una vez más que en El Salvador hay dos grandes zonas, la metropolitana, y el resto. En la primera los ingresos familiares promedios de los encuestados doblan prácticamente a los de las otras zonas de El Salvador.

Viendo ese panorama hay que decir también que no son mejores ni peores que otras generaciones. Menos inquietos pero más dialogantes. Con raíces hondas familiares y religiosas. Mejor formados, en conjunto, que sus antepasados, digan lo que digan los profetas de que «todo tiempo pasado fue mejor». El problema, una vez más, no es qué hacemos con ellos, sino cómo construimos un país mejor y los integramos activamente a ellos en la tarea. El hecho de que nos parezcan políticamente más pasivos no significa que lo sean. Simplemente no aprecian el modo de hacer política en El Salvador. Y en eso no se distinguen demasiado del pensamiento general de la población, que suele poner en los últimos niveles de confianza a los partidos políticos junto con su cueva-refugio preferencial que es la Asamblea Legislativa.

Tenemos jóvenes con problemas y con valores, como todas las generaciones los han tenido. Ganarse su confianza es la tarea, si queremos un país mejor dentro de algunos años. Especialmente cuando los que ahora estamos en edad productiva pasemos a ser personas de tercera edad o en declive de nuestras capacidades. Pero para ello es indispensable tener políticas de juventud claras.

Y ciertamente no políticas populistas, que les hablen de su importancia para manipularlos después, o políticas paternalistas, que se acerquen a ellos como necesitados de apoyo. Lo fundamental en una política de juventud es incorporar a los jóvenes como verdaderos actores sociales, que en su propia acción van incorporando valores. Un apoyo a las decisiones de los jóvenes, por supuesto abiertas al debate crítico por ambas partes, pero que los impulse a ser actores de la construcción de su propio futuro.

En El Salvador ha sobrado paternalismo y afán de manipular políticamente a los jóvenes. La frase tan repetida maquinalmente por políticos, maestros y todo adulto que se siente con poder sobre los jóvenes, es la famosa de «ustedes son el futuro de la patria». Frase en realidad que no significa nada, semánticamente, más que quienes la dicen se van a morir antes que quienes la escuchan. Pero que esconde con frecuencia la afirmación de que el presente es propiedad de quien habla, y que por tanto hay que obedecerle hasta que se muera o se jubile. Por eso esa frase la pueden decir todos los que les gusta una juventud obediente y no deliberante, sean dictadores, políticos que viven de la política, o maestros de los que ya no pueden decir que la letra con sangre entra, pero que quisieran marcar sus ideas en los alumnos como se marca el fierro en una bestia.

Se necesitan políticas abiertas que impulsen y apoyen a los jóvenes en sus propios proyectos, sean éstos benéficos, solidarios, deportivos, laborales, empresariales, políticos o educativos, manteniendo el diálogo con ellos sin imposiciones. Sin afanes prioritarios de aprovecharlos en beneficio del poder, y mucho menos de convertirlos en carne de cañón de la polarización política salvadoreña. El problema no es de quién va a ser el futuro, que por definición lo será, como decíamos, de quienes hoy son más jóvenes que los que mandan. El problema es la clase de futuro que se nos avecina. Y sin gente dialogante, solidaria, creativa, crítica, El Salvador se verá condenado a seguir en sus crisis.

Y es que el país no necesita clones repetitivos de empresarios egoístas, de políticos polarizados e incapaces de dialogar, o, todavía peor, de militares genocidas y otras hierbas que han poblado con demasiada frecuencia el ámbito del poder salvadoreño. Clones que hoy se reflejan más en las maras que en cualquier otro sector de la juventud salvadoreña, por más que satanicen a las maras algunos sectores del poder, que con tanta frecuencia se han organizado con el mismo estilo que hoy llamamos marero, y antes mafioso y escuadronero. Poner a los jóvenes a analizar su situación, a buscar soluciones, a emprender tareas en los ámbitos de su propio desarrollo cultural, laboral, empresarial y organizativo es la base de la única política de juventud coherente y digna para El Salvador. Ojalá la encuesta de la UCA nos sirva a todos para ver una juventud buena, capaz de labrar su propio futuro si los que nos vamos a morir antes que ellos les apoyamos en el desarrollo de su propia creatividad y libertad.