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Grup de Solidaritat Jon Cortina

El amigo, el hermano, el sacerdote Jon Cortina

Publicat al Diario Colatino l’11 de desembre de 2008


Gloria Silvia Orellana
Redacción Diario Co Latino

La importancia de vivir la pobreza, para humanizar la cultura del consumo y despilfarro, fue el mensaje de vida que dejó Jon Cortina, a la Comunidad Jesuita y a sus alumnos de la Universidad Católica José Simeón Cañas, (UCA).

En vísperas del segundo aniversario de su deceso, el pensamiento y vida de Jon Cortina ha retomado fuerza, al ser recordado por sus compañeros, amigos y trabajadores, quienes lo recuerdan como un hombre santo, que se entregó por completo a los pobres.

Jon Sobrino, en la homilía, dijo que Jon Cortina fue un “santo, pero rebelde”, Y lo definió tres virtudes: entrañable, recio y comprometido con su pueblo.

“Era un gran comunicador, se la pasaba muy bien, era un gran amigo de las congregaciones y religiosas, chambriaba con ellas, chambriaba hasta cosas de los obispos (ríen todos), y luego pasaba a charlas serias, él era así, todos le querían entrañablemente”, contó.

Sobre su temperamento recio, Sobrino expresó que nunca hizo lo “políticamente correcto”, siempre fue un hombre que creyó en sus convicciones y las expresaba directamente.

“El trivializaba las cosas, mientras más serias fueran, Jon a veces exageraba, pero siempre, tuvo una insigne honradez con lo real, y lo sabe su gente de Guarjila (Chalatenango), y todos nosotros”, comentó.

En un pasaje, Jon Sobrino citó a Ignacio Ellacuría, quien había dicho que: “la civilización de la riqueza y la abundancia, sólo puede salvarse desde la cultura de la pobreza”.

“Jon sabía eso, porque si los pobres no nos humanizan, dudo yo, que otra cosa lo haga; su último trabajo frente a los militares que robaron a sus madres sus niños, era recio, pero no buscó venganza”, expresó.

En la eucaristía, participó Gloria Ávila, su secretaria del difunto sacerdote, quien recordó el compromiso que tenía con la comunidad estudiantil y su comunidad en Guarjila.

“Su día favorito de la semana era el viernes, porque iba a su Guarjila, con su gente, o pasaba horas platicando con sus estudiantes y luego me decía, me quieren porque soy como un abuelito consentidor”, rememoró la secretaria.

El día se su muerte: “Sentí que rompían mi corazón, que mi ángel protector se había ido, el hombre, el hermano, el amigo, el sacerdote que acompañó a muchos en momentos difíciles, se había ido, nos hace mucha falta”, concluyó.

 

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