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Las heridas que no se cierran en La Guacamaya


(Publicat al Diario Colatino de 16/09/2008)


Beatriz Castillo
Redacción Diario Co Latino

Dos cruces yacen en el patio trasero de la casa de la familia Sáenz Barrera. Una de cemento y otra de madera rústica gastada. Están adornadas con flores de plásticos color azul, a pesar de que simbolizan a tres mujeres. Alguien las colocó, para recordar a: Juana Paula Díaz y sus hijas María e Irma. Las tres fueron cruelmente asesinadas en un día fatídico para las mujeres, niños y los pocos hombres que cuidaban el cantón Guacamaya, en el oriente del país, el 22 de octubre de 1980.

Juana Paula decidió regresar a su vivienda para saber de sus animales, junto a sus dos hijas, el día que las asesinaron.

Varias noches antes, las Díaz se habían resguardado en una casa con otras 30 mujeres, luego que sus esposos salieran por los “huatales” y buscaran refugio, que los pusiera a salvo de las Fuerzas Armadas y el ataque a la guerrilla.

“Ella (Juana Paula) bien de mañanita salía a darle comida a las gallinas y regresaba. Pero el día que las mataron, se devolvió con sus hijas después de haberlas alimentado. Escuchó que estaban agarrando sus gallinas. Yo la encontré, cuando yo iba para abajo, buscando donde irme por los huatales. Todavía me dijo que me quedara, pero por el niño, que tenía once meses me fui”, recuerda pese al tiempo, visiblemente consternada Valentina Sáenz Barrera, la masacre de la Guacamaya, y los estragos que dejó el conflicto armado, que los obligó a vivir en Honduras, por varios años.

Las Díaz, fueron asesinadas, según los sobrevivientes de la zona, por elementos del ejército que custodiaban la zona de La Guacamaya, El Mozote, Meanguera, y otros cantones en la jurisdicción de San Francisco Gotera, en el Departamento de Morazán. El mismo grupo al que se le adjudicó la masacre de El Mozote, cuando tomó el plan “Operación Rescate”, en 1981, con el fin de “limpiar” la parte norte de Morazán, por considerarla un bastión de los grupos guerrilleros.

“Yo le hilaba para hacer matates, ella me enseñó, hacía cuajadas y le veníamos a buscar”, recuerda Valentina, mientras junto a sus hijos trata de seguir cultivando la enseñanzas de elaborarlos y abastecer la zona.

Agrega que aquel día, varias mujeres, niños y hombres fueron asesinados. Masacres en las quebradas, en huatales y otros en el interior de su vivienda como los Barrera Márquez.

De la familia Barrera Márquez, murieron Andrés, Cruz Armando, Vicenta Edelmira, Noé Mauricio, Mario Edgardo hijos de Andrés Barrera Mejía. En la masacre también murió su suegra Heriberta Márquez y Maclovia Márquez, y un recién nacido.

En la exhumación se encontraron los restos, en fila, de los niños, las dos mujeres y los huesos pequeños de recién nacido, que se presume eran del hijo que estaba esperando Maclovia.

Según estima Andrés Barrera Mejía, su esposa dio a luz antes de ser asesinada, pero no pudo constatarlo, porque él, junto a los hombres, andaban en “retirada”, el día de la masacre.

“Cuando yo regresé ya los habían enterrado, no pude ver como los habían dejado. Cuando vine encontré unos pedacitos de huesitos, y un brasier con sangre, y quemado. Nosotros teníamos maíz en tusa, eso lo amontonaron con las hamacas y le dieron fuego a todo, todo lo que teníamos allí”, reciente.

Recuerda que nadie de aquel pequeño poblado esperaba que algo así se registrara,
La tropa del ejército siempre pasaba y nunca mataban a nadie.

“Allí quizá hubo un mal vecino, porque había una casa más abajo de donde nosotros vivíamos, allí habían más de 50 gentes en esa casa y no les pasó nada, nada, y nosotros quedamos pensando en eso, que tan cerca que estaba y no les había pasado nada. Después pensamos, que a ese hombre no le gustaba la organización, algo hubo por allí”, se atreve a especular Barrera.

“Yo era el encargado de reunir a la gente de allí, él nunca opinaba, a mí nunca me convencía y al final como los hermanos de él colaboraban con la organización, los terminó matando a ellos”, agrega.

Las muertes de La Guacamaya, 28 años después no han sido esclarecidas. Muchas de las víctimas no han sido exhumadas ni identificadas.

No se tiene claro quién cometió esos crímenes contra niños, mujeres y hombres.

“Creemos que fue el batallón de Gotera”, indica Barrera, quién perdió a seis de sus hijos, su esposa y su suegra.

La herida por esas pérdidas y la falta de justicia es uno de los reclamos de las familias que todavía habitan en La Guacamaya, en casas de bahareque (de lodo y varas de bambú), lámina y sin luz. Es decir, este capítulo de la historia sigue abierto.

“La justicia aquí brilla por su ausencia, al igual que en otros países, la Comisión de la Verdad, puso en tela de juicio”, critica Barrera.

Después del conflicto, la posibilidad de conocer la verdad, tuvo candado. La Ley de Amnistía se volvió un obstáculo, el cuerpo legal no avala el enjuciamiento de los hechos que se cometieron antes y durante el conflicto armado. “La Ley permitió que estos crímenes, se encubrieran. Los hechos que hubo fueron una violación a los derechos humanos”, sostiene Barrera.

Desde hace años, Barrera ha tratado de pedir justicia y contar lo que pasó a través de la música. La música que le dio vida y refugio a los “Torogoces de Morazán”.

“La música nos vino ayudar un poco, la mayoría habíamos perdido familia. La música no cura heridas, pero calma un poco. Hace olvidar por un momento las cosas”, dice.

“Cuando se cantan las canciones es algo tremendo, pero en general, la música ayudaba tanto a los compas que venían cansados de un operativo, como a nosotros, y allí se disimulaba un poco”, agrega.

Conmemoración para víctimas y la justicia
Desde el año pasado, el Alcalde y el concejo de la Alcaldía de Meanguera, en el Departamento de Morazán, propusieron la creación de un Comité de la Memoria Histórica, con el propósito de conmemorar cada 22 de octubre la masacre de la Guacamaya.

“El año pasado se creó el comité, se financió la organización de la actividad, para este año vamos a colaborar con la movilización de la gente y los grupos musicales, lo que buscamos es que la misma gente tome conciencia”, dice el secretario de la comuna de Meanguera, Wualberto Carrillo, Municipio al que pertenece, por jurisdicción, el cantón La Gua- camaya.

Según indica la comuna, tiene previsto elaborar una memoria donde se puedan focalizar los puntos donde ocurrieron las masacres.

“Hay más in- volucramiento de la gente, eso es el objetivo, que la misma gente tenga conciencia, porque nosotros creemos que para que exista desarrollo en una sociedad es indispensable que exista justicia. La justicia no se trata de venganza, si no que al menos los responsables de esto pidan perdón”, agregó Carrillo.

Según el calendario de las actividades de conmemoración se realizará el día 18, con una misa en memoria de las víctimas.

Gladys Maricela Sáenz, del Comité de la Memoria Histórica, adelantó que después de la misa se tiene previsto una caminata a los lugares “históricos” donde se ejecutaron masacres, en la cueva de la “Radio Venceremos” y el punto rojo.

Después, en el centro escolar La Guacamaya, se escucharán algunos testimonios de los sobrevivientes y familiares de las víctimas.

 

17/09/2008 18:32 Autor: gsjc. #. Tema: Memòria històrica No hay comentarios. Comentar.

Los jesuitas de la UCA salvadoreña denuncian que la masacre de 1989 continúa impune

(publicat a El País el 14-03-2008)

JUAN JOSÉ DALTON - San Salvador - 14/03/2008

El jesuita español José María Tojeira, rector de la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador, denunció ayer en conferencia que el Estado salvadoreño es responsable de que la masacre de seis de sus sacerdotes (rectores y profesores universitarios), también miembros de la Compañía de Jesús, perpetrada en 1989 por una unidad especial del Ejército, aún permanezca impune.

 

Tojeira aseguró que el pasado 11 de marzo hubo en Washington una “reunión de trabajo” en la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), “en la que el Estado salvadoreño evidenció que no ha cumplido en nada las recomendaciones que [la CIDH] emitió en 1999 y que consistían en investigar, identificar, juzgar y sancionar a todos los autores materiales e intelectuales del asesinato de los jesuitas Ignacio Ellacuría [rector de la UCA], Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Joaquín López y López y Juan Ramón Moreno, así como de sus empleadas Julia Elba Ramos y Celina Ramos”. Tojeira aseveró que han pasado nueve años desde que se dictaron aquellas recomendaciones, pero el Estado no ha realizado avance alguno. “Creo que los familiares de los sacerdotes que eran españoles —Ellacuría, Montes, Baró, Amando López y Juan Ramón Moreno— están perdiendo la paciencia por la impunidad local y podrían llevar el juicio a tribunales españoles”, advirtió Tojeira.

 Por su parte, el abogado Benjamín Cuéllar, representante de las víctimas ante la CIDH, cuestionó la moral y la ética del Estado salvadoreño por haber nombrado como su representante o “agente estatal” al abogado Carlos Méndez Flores, que defendió a los acusados materiales e intelectuales del asesinato de los jesuitas.

La UCA achaca la responsabilidad de la masacre al entonces presidente, Alfredo Cristiani, y a su ministro de Defensa Humberto Larios, por omisión y encubrimiento, mientras que acusa a altos oficiales del Ejército como los autores intelectuales de la ejecución de los jesuitas, a quienes consideraban colaboradores de la guerrilla. 
15/03/2008 14:53 Autor: gsjc. #. Tema: Memòria històrica No hay comentarios. Comentar.

Piden a la FGR investigar masacre de “El Despertar”

(Publicat al Diari Colatino el 30 de gener de 2008)

Santiago Leiva
Redacción Diario Co Latino

Las Comunidades Eclesiales de Base de El Salvador (CEBES) y la Fundación Hermano Mercedes Ruiz (FUNDAHMER) pidieron ayer formalmente a la Fiscalía General de la República (FGR) investigue el asesinato del padre Octavio Ruiz y cuatro catequistas, hecho ocurrido 1979, en el centro de retiros “El Despertar” de la parroquia San Antonio Abad.

El padre Octavio y los jóvenes David Caballero, Ángel Morales, Roberto Orellana y Jorge Gómez fueron “brutalmente” asesinados por un comando de la Fuerza Armada, el 20 de enero de 1979.

A la fecha, nadie purga castigo por este crimen conocido como la masacre de “El Despertar”.

“Hemos venido a interponer un formal denuncia por escrito para que se investigue la masacre de El Despertar”, dijo David Morales, abogado de FESPAD, y quien representa legalmente a la familia del sacerdote asesinado.

Morales explicó que se presentó la denuncia por escrito porque pese a que los familiares de las víctimas lo han solicitado públicamente, la Fiscalía se ha hecho la “sorda”.

“Durante dos años consecutivos las comunidades eclesiales y las familias se han acercado a la Fiscalía y han exigido públicamente al Fiscalía General que inicie una investigación, pero no han sido escuchados”, declaró Morales.

De la muerte del sacerdote y los catequistas se responsabiliza al Ministro de Defensa de aquel entonces, General Federico Castillo Yanes; al Director de la Policía Nacional (PN), Coronel Antonio López, y al Director de la Guardia Nacional (GN), Coronel José Antonio Corletto.

“Pedimos que se investigue a estos altos oficiales y también a todos aquellos partícipes del operativo que resulten identificados”, dijo Morales, quien añadió que el planteamiento de la denuncia se fundamenta en que se trata de un crimen de “lesahumanidad”.

Neftaly López, miembro de FUNDAHMER, quien recordó al padre Octavio como un hombre comprometido con las causas del pueblo, dijo que hay clamor de las comunidades porque se haga justicia. “El caso debió ser conocido de oficio, queremos que se investigue y se haga justicia”, exigió López.

“Como familiares del padre Ortíz queremos que el Fiscal le ponga atención al caso, que se investigue y que la impunidad en este país se rompa”, expresó Ana Ortíz, hermana del sacerdote mártir.

Morales aseguró que si esta vez la autoridades fiscales no le ponen interés al tema buscarán instancias internacionales.

“Si el señor fiscal guarda silencio, si se niega a tramitar ésta denuncia o trata de impedir la investigación buscando figuras como la amnistía o la prescripción, acudiremos inmediatamente a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos”, advirtió Morales.

La denuncia se da en el marco de conmemoración del vigésimo noveno aniversario del múltiple crimen.

31/01/2008 20:18 Autor: gsjc. #. Tema: Memòria històrica No hay comentarios. Comentar.

La memoria

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Alberto Barrera, miembro equipo editor de Raíces

(publicat al Diario Colatino de 15 de gener de 2008) 


Walnut Creek, California. A mediados del pasado conflicto en El Salvador el entonces presidente, José Napoleón Duarte, aludió la necesidad de impulsar lo que llamó “perdón y olvido.

Muchos lo rechazaron, pero el ex mandatario –fallecido de cáncer en febrero de 1990-, pretendía aumentar su influencia política, pues algunos aprobaron el perdón, aunque consideraron que era muy temprano, pues la guerra, cruel y sangrienta, continuaba con su estela de muerte y dolor.
 Otros se preguntaron si era posible olvidar.
Acaso se puede cerrar la memoria al recuerdo de personas y hechos que en un conflicto armado son lamentables y que dejan huellas profundas, que también algunas veces podrían ser agradables.
 ¿Será bueno olvidar?
“Todo está resuelto, todo: tiempo, lugares, el mundo fragmentado en pedazos, que no se puede pegar. Sólo el recuerdo es lo único que se salvó, lo único que queda de la vida…”, escribió el cronista y escritor polaco, Ryszard Kapuscinski en su obra El Emperador.

En este amplio reportaje, conocido también como “la historia del extrañísimo señor de Etiopía” (Haile Selassie), que muchos consideran literatura, el autor monta su escrito basado en testimonios sobre la realidad que vivió ese pueblo africano.

La vida de Selassie y parte de la historia de Etiopía es lo que Kapuscinski logra montar a través de testimonios de muchos de los testigos, protagonistas algunos, que vivieron la triste realidad.

También otros sufren o causan dolor por la pérdida de los recuerdos, aunque sea involuntaria.

“La memoria, perecedera y perdurable, es el archivo del cerebro.

Y es una maravilla del sistema de circuitos neuronales.

Su pérdida puede ser cruel, pero recuerde esto: es por medio de la memoria como permanecemos cerca de nuestros seres queridos”, escribió Chris Johns, editor en jefe de Nacional Geographic.

En su editorial, le cual tituló “Mi padre y yo”, Johns se refiere a su progenitor y como fue perdiendo la memoria, probablemente debido al mal de Alzheimer y lo doloroso que es saber de su demencia sin poder hacer casi nada.

Por eso alude que es que por medio de la memoria como nos mantenemos cerca de los seres que amamos, al perder esa capacidad nos alejamos irremediablemente.

El mal nos empuja al abismo del olvido.

Aunque si es por salud, pese a lo doloroso, al final muchos tenemos que aceptarlo, pero olvidar por olvidar, muchas veces por intenciones políticas, es mucho más el sufrimiento, porque se alejan las familias, se aleja el recuerdo de los seres que amamos y también se corre el peligro que hechos como las guerras se repitan, pues no hay memoria colectiva.

Y en el país pareciera que las intenciones ha sido promover el olvido, aunque no es para todo y para todos.

Algunos desde el poder no promueven medidas para evitar esa desmemoria, prefieren que no se recuerde, en algunos casos argumentando que sería abrir viejas heridas, sobre todo en los casos que se necesita de justicia.

Otros desde la oposición no hacen casi cada para evitar esa desidia oficialista, más bien parece que avalan algunas acciones en las que el recuerdo desde la víctimas no les interesa. ¿Será porque también tienen el pasado comprometido con matanzas y hechos terribles, los cuales sería mejor olvidar?

Trabajo valioso
Solo el esfuerzo de organizaciones sociales y de algún sector de la prensa o medios de comunicación valen para evitar que ese olvido sea total, pues la historia ni siquiera es una materia que interese a todos en los planes de estudio.
Y esos esfuerzos son contados.

El más emblemático y apreciado por miles de familias es el “Monumento a la Memoria y la Verdad”, un inmenso muro de granito ubicado en el céntrico Parque Cuscatlán de San Salvador y en el que 25,000 nombres de víctimas muertas y desaparecidas en el pasado conflicto dicen presente para que no se les olvide.

Ese es un esfuerzo importante de “Pro Memoria” que realizaron organizaciones como la oficina de Tutela Legal del Arzobispado, el Instituto de Derechos Humanos de la UCA, Pro Búsqueda y otras entidades dedicadas al rescate de la memoria.

Otros esfuerzos por no olvidar han sido las biografías de personalidades como la del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, asesinado por un experto tirador cuando oficiaba misa el 24 de marzo de 1980 o los testimonios de ex combatientes guerrilleros principalmente, algunos están bien logrados.

O el trabajo del Museo de la Palabra y la Imagen que impulsa el ex locutor de la clandestina radio Venceremos, ya desaparecida, del venezolano Carlos Henríquez Consalvi “Santiago”.

Merece mención el Museo de Antropología de la Universidad Tecnológica y el impulso a la carrera de licenciatura en historia de la misma institución educativa y de la estatal Universidad de El Salvador o los libros que edita la jesuita UCA.

En cuanto a los medios no escapa a la crítica la desaparición de los archivos de imágenes del conflicto que grabó la cadena estadounidense de televisión NBC, que luego de borrar las cintas procedió a vender localmente los “cassettes” o peor aún la destrucción de archivos de El Noticiero de Canal 6, logradas desde 1987, cuando la guerra estaba en su fragor.

Y es lamentable que los principales periódicos nacionales a veces acudan a sus archivos de esos años aciagos, cuando sus noticias estaban basadas en hechos distorsionados de esos momentos difíciles de la historia nacional.

Pero merecen reconocimiento algunos reportajes periodísticos sobre esos hechos lamentables y especialmente programas radiales, como los de la nueva Radio Cadena Mi Gente.

“Memoria Viva” del fotoperiodista Iván Montecinos y “Huellas, Señales del Pasado” que producen y conducen el mismo Montecinos, José Luis Funes y Alberto Barrera.

La base está en el hecho de que pueblo que olvida está condenado a que hechos lamentables se repitan.

De ahí la importancia de que el olvido no sea colectivo. Que los niños desaparecidos en la guerra, hoy jóvenes encontrados con otras familias en el país, alguno de los vecinos, Estados Unidos o Europa, sigan apareciendo que sepan de su pasado y conozcan a sus familiares biológicas y conozcan la historia de su pasado.

Honor al sacerdote jesuita, Jon Cortina, por haber organizado e impulsado el trabajo de la Asociación Pro Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos durante la guerra civil de más de una década, aunque falta mucho por hacer.

Una comisión gubernamental para el mismo objetivo apenas inicia sus labores en ese rumbo y algo han logrado, aunque bajo presiones internacionales.

Sería bueno que algún día en el país, muchas veces habituados a copiar ideas y proyectos, nos decidamos a imitar lo que no hace mucho hizo España al aprobar una Ley de Memoria Histórica, la que pese a duras críticas de algunos sectores, se regula y rescata lo necesario para que la amnesia no sea total.

17/01/2008 16:55 Autor: gsjc. #. Tema: Memòria històrica No hay comentarios. Comentar.

“Los crímenes de lesa humanidad han dejado abiertas las heridas”

Conversación con Rogelio Poncel, sacerdote ex guerrillero de la guerra civil salvadoreña

(publicada en El País, el 12 de diciembre de 2007)

JUAN JOSÉ DALTON - San Salvador - 12/12/2007

Es belga de nacimiento, alto de estatura y de tez muy blanca, aunque cuando se emociona casi toda la sangre del cuerpo se le sube al rostro. Habla el español-salvadoreño a la perfección y dice que, después de tantos años y “tantas cosas vividas y sufridas” en El Salvador, no hay quien se atreva a señalarlo como extranjero. El sacerdote diocesano Rogelio Poncel (Bruselas, 1934) fue uno de los curas que acompañó a la guerrilla durante la guerra civil salvadoreña. Esquirlas de bombas arrojadas por aviones y tiros “enemigos” le sonaron muy de cerca. Por eso dice: “Me alegro de estar vivo y de poder contar parte de una historia que no debemos olvidar. Dios me quiere mucho para tenerme vivo”.

Poncel llegó a El Salvador hace más de 35 años. Llegó a estas tierras sin hablar español, pero hoy los campesinos le entienden todo porque habla y pronuncia el mismo lenguaje, además de hacer compartido con ellos una y mil vicisitudes. “Desde que mataron al padre jesuita Rutilio Grande en 1977, estuve en todos los entierros de todos los mártires de la Iglesia: los padres Navarro y Ortiz; las monjas Maryknoll y monseñor Óscar Romero... Pero en estos días estamos conmemorando 26 años de la masacre de El Mozote, un acto bárbaro que sufrí de cerca”, dice el cura Poncel a EL PAÍS.

Pregunta. ¿Qué fue exactamente El Mozote? ¿Cómo lo recuerda?

Respuesta. A nosotros [la guerrilla] nos avisaron con anticipación de un operativo militar contrainsurgente y que teníamos que emprender la guinda huida]; pasamos por El Mozote y les dijimos a los pobladores que abandonaran el lugar porque sospechábamos de algo grave. Pero la población decía que se quedaba en sus casas, cuidando sus pertenencias. Llegamos hasta un lugar conocido como Tortolico, a la orilla del río Torola, en el norte de Morazán y por radio nos avisaron de que los soldados estaban matando a todos los pobladores. Era muy triste... Muchos de los combatientes tenían ahí a sus familiares.

P. ¿Qué recuerda de su regreso al lugar?

R. La matanza fue entre el 11 y el 13 de diciembre [de 1981]. Allí asesinaron de la manera más cruel a más de 1.000 campesinos de todas las edades. Hay más de 800 personas identificadas, pero mataron familias enteras. Violaron niñas y mujeres; a los niños y bebés los encerraron en el convento, los ametrallaron y luego incendiaron el lugar; quemaron la iglesia. Era la estrategia de guerra que se basa en aquello de quitarle el agua al pez: el agua es la población; el pez, la guerrilla.

P. ¿Cómo se sintió usted?

R. Fue algo terrible. Sentí rabia, indignación, cólera... Sentí tristeza. Yo conocía a toda esa gente. Allí llegaba a dar misa y sentía alegría. Era una gente muy buena y solidaria. Me daban ganas de tomar las armas, pero los compañeros me decían: aquí hay muchos combatientes y pocos sacerdotes. Fue terrible... Yo venía de Bélgica, donde en una ocasión la policía mató sin querer a un manifestante y el Gobierno se cayó. Pero aquí en horas barrieron las vidas de miles de personas; fue cruel aquello.

P. Usted sigue de párroco en el norte de Morazán. ¿Qué dice la gente sobre El Mozote?

R. Hay gente que quiere justicia, que se castigue a los autores de la masacre; se trata de la gente más consciente y clara. Pero otros se preguntan por qué hablar tanto todavía sobre esto. Lo entiendo, porque la gente necesita seguir viviendo.

P. Y usted, como sacerdote y testigo de aquello, ¿qué cree que debe ocurrir?

R. Tenemos que seguir insistiendo en que debe haber justicia. Fue un crimen horrendo y de tal envergadura que no admite que nos saltemos los pasos necesarios para poder llegar al perdón y la reconciliación. Eso será saludable para El Salvador, porque aquí los crímenes de lesa humanidad han dejado abiertas las heridas.

13/12/2007 17:45 Autor: gsjc. #. Tema: Memòria històrica No hay comentarios. Comentar.

Testimonio de Rufina Amaya trasciende su muerte

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Publicado en el Diario Colatino (El Salvador) el 12 de diciembre de 2007

Gloria Silvia Orellana - Redacción Diario Co Latino

Fidelia Márquez Amaya, es una mujer de 43 años, llena de vitalidad y amor por los niños y aunque pasó desapercibida de los visitantes que llegaron por la víspera de la Masacre de El Mozote, se constituye en la heredera directa, no sólo de la sangre de Rufina Amaya, sino de una parte de la memoria histórica de El Salvador.Este 11 de diciembre de 2007, se cumplen 26 años de la masacre El Mozote, ejecutada por el ejército salvadoreño contra la población civil en el departamento de Morazán, documentada por el testimonio de Rufina Amaya, única sobreviviente y que murió el 6 de marzo pasado, tras un paro cardíaco, por padecimientos diabéticos.Fidelia llegó muy temprano por el camino de tierra negra que lleva al Mozote, rodeado por un grupo de cerros. El caserío guarda en sus entrañas la historia triste de miles de víctimas del conflicto armado de los años ochentaLa tumba de Rufina Amaya, a un lado del monumento que honra la memoria de las víctimas del Mozote, arranca las lágrimas de su hija mayor, al recordar esos momentos que vivió cuando tenía 16 años de edad junto a su esposo en el caserío Jocote Amarillo.“Recuerdo que nosotros huíamos de los dos (ejército y guerrilla), no queríamos estar en la guerra, pero, era por demás, estaba en un cerrito que se llama Perico, nos metimos bajo 2 grandes lajas (piedras lisas), con mi esposo, mi hermano Félix de 11 años y dos vecinitos, cuando vimos como estaban matando a la gente en La Joya …. les hacían formar una fila y luego, se oía las ráfagas de disparos, gritaban los niños, las mujeres… nosotros temblábamos hecho nudito bajo las dos piedras”.Fidelia había dejado el seno materno y tenía 4 meses de embarazo, y se llevó a su hermanito Félix de 11 años; su madre había fundado un nuevo hogar, del cual procreó 4 hijos más: Cristino, 9 años; Lolita, de 5 años; Marta Lilian, de 3 años, y la bebé Isabelita, de 8 meses.“Cuando nos dijeron que a todos los de El Mozote los habían matado… lloramos, porque sabíamos que ahí estaba nuestra familia… recuerdo que Félix, desesperado, decía …voy a buscar a esos compas y les voy a pedir fusil para ir a buscar a mi mamá… cuando de voz en voz, nos llegó el aviso… que había un sobreviviente nunca pensamos que era mi mamita”, recuerda.Rufina Amaya pasó su proceso de “shock” bajo el amparo de Matilde y Tránsito Luna, ancianas del lugar, que obligaron a Rufina a tomar agua, café amargo y a comer trocitos de tortilla para mantenerla con vida, posteriormente, llegó su hermano Juan, quien corroboró que era Rufina la sobreviviente.“Yo vi a mi madre 7 días después… me impactó verla, estaba como un esqueleto, toda transparente, pálida y los ojos inflamados de llorar… me vio y habló …me dijo: todos los niños se me murieron… todos quedaron allá, toda la gente las mataron… Dios me ha salvado… Dios me ha elegido para algo”, expresó la sobreviviente a su hija. Por la presencia militar desplegada por más de 15 días de ese diciembre de 1981, no fue posible ir a recuperar los restos de los hijos de Rufina.“Ella insistía (en ir a buscar los cuerpos de los hijos) pero no podíamos, así que nos fuimos a un campamento en Talchiga, que ahora es un exbolsón, estuvimos 15 días… después llegamos, no había nadie, sólo encontramos ropita de los niños… y un hedor de muerto… recuerdo muy bien ese olor fuerte de pólvora y carne quemada, cuando atacaron ese diciembre a La Joya, al Jocote Amarillo, se levantaba un olor fuerte a carne freída y el humo copaba todos estos cerritos”, relata Fidelia.Fidelia recordó que algunos sobrevivientes de otros lugares se lograron por avisos que los mismos miembros del ejército dieron a sus parientes.“Hubo un señor que me contó que un soldado le dijo, mire váyanse que los van a matar los del equipo especial que viene después de nosotros…. eran unos hombres que andaban en un helicóptero todos vestidos de negro y las caras pintadas de negro, pasaban frente a las casas y si miraban gente las partían a balazos … hubo niños que los cruzaron con los grandes cuchillos o los degollaron… porque si encontraban a las familias sin hijos, decían que eran de la guerrilla y no era cierto. Recuerdo que me fui de 15 años, pero me había casado y se fue mi hermanito conmigo… no estábamos en la guerrilla…. pero después de todo esto que vivimos nos incorporamos, mi hermanito Félix, murió en la guerra, fue bien triste todo”, recuerda.Hasta el comerciante más reconocido en El Mozote, Marcos Díaz, que contaba con un permiso extendido por el jefe militar de Gotera, murió, relata.“Él le dijo a mucha gente que se quedarán en el lugar, que los soldados habían dicho que no iba hacerle daño a nadie de El Mozote… mi mamá tenía una casita por Jocote Amarillo y se vino para acá buscando seguridad, igual que mucha gente que venía de otros lugares… la gente que vivía aquí trabajaba la caña de azúcar y el maguey… se hacían pitas y otras cosas, nadie estaba en la guerrilla”, afirma.Fidelia es fundadora, además, de la Asociación Pro Búsqueda de niños y niñas Desaparecidos durante el Conflicto Armado, y junto al Padre Jon Cortina, iniciaron la apertura de los primeros casos de las secuestros forzados.“Yo anduve con el Padre Jon en todo eso… sabemos que gente vio a un grupito de niños que fueron sacados de El Mozote… yo tengo fe que más de algún hermanito mío esta vivo en otro lugar… hay un militar también, que lo corroboró … y es que la niña ( Isabelita), era muy linda… quizás se la llevaron, tengo la esperanza y se lo prometí a mi madre de buscarlas”, dice Fidelina, con aires de fe y esperanza.“Recuerdo una vez en España que mi mamá dio su testimonio, nos pusieron en un cuarto bien lindo… y me dijo: mira hija, donde estamos por mis hijos… y lloró… le dije, ya no siga contando eso que le duele tanto… porque le hace daño a su salud y entonces me dijo: No, Dios para eso me eligió y no dejaré de hacerlo hasta el último día de mi vida”.La batalla contra la diabetes no la pudo librar Rufina, y es así, que el pasado 6 de marzo dejó de existir luego, de 4 paros cardíacos en el hospital de Gotera.

“Mi madre presentía que iba a morir… recuerdo que el acto del 11 de diciembre de 2006, mencionó que quizás ya no estaría, y ese 24 y 31 de diciembre bailó con sus nietos, su hijita Martita que tuvo después y con mi hermanito que se lo regalaron y nos dijo que era la última vez que lo hacía, que haría un viaje y que no iba a regresar, nos mando a ser unidos y seguir luchando por la verdad”.
“Recuerdo que entró en crisis, le pusieron ese aparato (bomba manual de oxígeno), mi madre murió sin ayuda de tanta gente que conoció, murió sólo conmigo… recuerdo que me apretó la mano y me dijo sé valiente… hija me llevan los ángeles… y murió”.Actualmente, Fidelia desea establecer un memorial itinerante de su madre, que contaría con un museo de fotografías, testimonios, y cosas que utilizó, y un pequeño restaurante donde la gente que lo visite puede quedarse a comer, por ahora, trabajamos la tierra con mis hijos y mis ahijados, dijo. 

13/12/2007 16:56 Autor: gsjc. #. Tema: Memòria històrica No hay comentarios. Comentar.

El Salvador: exigen justicia en caso de monseñor Romero

 (Publicado en Univision.com el 7 de diciembre de 2007)

07 de Diciembre de 2007, 04:40PM ETSAN SALVADOR (AP) - Representantes de organizaciones sociales exigieron al gobierno salvadoreño que cumpla las recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en el caso de monseñor Oscar Arnulfo Romero, para llevar ante la justicia a sus asesinos."Nos vemos preocupados ante ese desacato y más aún cuando en ese desacato se encuentra de alguna forma vinculado a algunas personas de la jerarquía católica, como es el caso de monseñor (Fernando) Sáenz", dijo el viernes en rueda de prensa Miguel Guzmán, de la Comisión de Seguimiento del caso Monseñor Romero.Agregó que dijo que al iniciar la "Campaña por la verdad y la justicia", le pidieron al actual arzobispo capitalino Sáenz que "lejos de volverse cómplice de esta situación de desacato y de impunidad, más bien exija el cumplimiento de las recomendaciones".Romero fue asesinado de un disparo al corazón cuando oficiaba misa en la capilla del hospital para cancerosos La Divina Providencia, la noche del 24 de marzo de 1980, según un informe de la Comisión de la Verdad de Naciones Unidas emitido en 1993.El asesino no fue capturado y los responsables tampoco serán castigados debido a una amnistía promovida por el ex presidente Alfredo Cristiani (1989-1994) un día antes de la divulgación del informe de la Comisión de la Verdad.El abogado David Morales criticó que Sáenz esté negociando con el gobierno, cuando "claramente el Estado (salvadoreño) les dijo que no cumplirá las recomendaciones"."Estamos aquí para lanzar una voz de preocupación porque pareciera que la justicia como derecho humano está proscrita en El Salvador", señaló.La Comisión Interamericana de Derechos Humanos recomendó al Estado salvadoreño realizar una investigación judicial completa, imparcial y efectiva a fin de identificar, juzgar y sancionar a todos los autores materiales e intelectuales de las violaciones establecidas en el caso de monseñor Romero.También recomendó reparar todas las consecuencias de las violaciones enunciadas, incluido el pago de una justa indemnización y además adecuar su legislación interna a la Convención Americana, a fin de dejar sin efecto la Ley de Amnistía General de 1993.Morales sostuvo que el gobierno del presidente Tony Saca, actúa "en orden de defender la impunidad en El Salvador, concretamente a la Ley de Amnistía". Agregó que ante el incumplimiento están "pensando en una segunda demanda contra el Estado, esta vez impulsada por las organizaciones de Derechos Humanos de El Salvador".El informe de la Comisión de la Verdad determinó que el autor intelectual del asesinato de Romero fue el extinto mayor Roberto D'Aubuisson, fundador de los escuadrones de la muerte y del actual partido en el gobierno: Alianza Republicana Nacionalista.
08/12/2007 13:19 Autor: gsjc. #. Tema: Memòria històrica No hay comentarios. Comentar.


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