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La memoria

La memoria

Alberto Barrera, miembro equipo editor de Raíces

(publicat al Diario Colatino de 15 de gener de 2008) 


Walnut Creek, California. A mediados del pasado conflicto en El Salvador el entonces presidente, José Napoleón Duarte, aludió la necesidad de impulsar lo que llamó “perdón y olvido.

Muchos lo rechazaron, pero el ex mandatario –fallecido de cáncer en febrero de 1990-, pretendía aumentar su influencia política, pues algunos aprobaron el perdón, aunque consideraron que era muy temprano, pues la guerra, cruel y sangrienta, continuaba con su estela de muerte y dolor.
 Otros se preguntaron si era posible olvidar.
Acaso se puede cerrar la memoria al recuerdo de personas y hechos que en un conflicto armado son lamentables y que dejan huellas profundas, que también algunas veces podrían ser agradables.
 ¿Será bueno olvidar?
“Todo está resuelto, todo: tiempo, lugares, el mundo fragmentado en pedazos, que no se puede pegar. Sólo el recuerdo es lo único que se salvó, lo único que queda de la vida…”, escribió el cronista y escritor polaco, Ryszard Kapuscinski en su obra El Emperador.

En este amplio reportaje, conocido también como “la historia del extrañísimo señor de Etiopía” (Haile Selassie), que muchos consideran literatura, el autor monta su escrito basado en testimonios sobre la realidad que vivió ese pueblo africano.

La vida de Selassie y parte de la historia de Etiopía es lo que Kapuscinski logra montar a través de testimonios de muchos de los testigos, protagonistas algunos, que vivieron la triste realidad.

También otros sufren o causan dolor por la pérdida de los recuerdos, aunque sea involuntaria.

“La memoria, perecedera y perdurable, es el archivo del cerebro.

Y es una maravilla del sistema de circuitos neuronales.

Su pérdida puede ser cruel, pero recuerde esto: es por medio de la memoria como permanecemos cerca de nuestros seres queridos”, escribió Chris Johns, editor en jefe de Nacional Geographic.

En su editorial, le cual tituló “Mi padre y yo”, Johns se refiere a su progenitor y como fue perdiendo la memoria, probablemente debido al mal de Alzheimer y lo doloroso que es saber de su demencia sin poder hacer casi nada.

Por eso alude que es que por medio de la memoria como nos mantenemos cerca de los seres que amamos, al perder esa capacidad nos alejamos irremediablemente.

El mal nos empuja al abismo del olvido.

Aunque si es por salud, pese a lo doloroso, al final muchos tenemos que aceptarlo, pero olvidar por olvidar, muchas veces por intenciones políticas, es mucho más el sufrimiento, porque se alejan las familias, se aleja el recuerdo de los seres que amamos y también se corre el peligro que hechos como las guerras se repitan, pues no hay memoria colectiva.

Y en el país pareciera que las intenciones ha sido promover el olvido, aunque no es para todo y para todos.

Algunos desde el poder no promueven medidas para evitar esa desmemoria, prefieren que no se recuerde, en algunos casos argumentando que sería abrir viejas heridas, sobre todo en los casos que se necesita de justicia.

Otros desde la oposición no hacen casi cada para evitar esa desidia oficialista, más bien parece que avalan algunas acciones en las que el recuerdo desde la víctimas no les interesa. ¿Será porque también tienen el pasado comprometido con matanzas y hechos terribles, los cuales sería mejor olvidar?

Trabajo valioso
Solo el esfuerzo de organizaciones sociales y de algún sector de la prensa o medios de comunicación valen para evitar que ese olvido sea total, pues la historia ni siquiera es una materia que interese a todos en los planes de estudio.
Y esos esfuerzos son contados.

El más emblemático y apreciado por miles de familias es el “Monumento a la Memoria y la Verdad”, un inmenso muro de granito ubicado en el céntrico Parque Cuscatlán de San Salvador y en el que 25,000 nombres de víctimas muertas y desaparecidas en el pasado conflicto dicen presente para que no se les olvide.

Ese es un esfuerzo importante de “Pro Memoria” que realizaron organizaciones como la oficina de Tutela Legal del Arzobispado, el Instituto de Derechos Humanos de la UCA, Pro Búsqueda y otras entidades dedicadas al rescate de la memoria.

Otros esfuerzos por no olvidar han sido las biografías de personalidades como la del arzobispo Oscar Arnulfo Romero, asesinado por un experto tirador cuando oficiaba misa el 24 de marzo de 1980 o los testimonios de ex combatientes guerrilleros principalmente, algunos están bien logrados.

O el trabajo del Museo de la Palabra y la Imagen que impulsa el ex locutor de la clandestina radio Venceremos, ya desaparecida, del venezolano Carlos Henríquez Consalvi “Santiago”.

Merece mención el Museo de Antropología de la Universidad Tecnológica y el impulso a la carrera de licenciatura en historia de la misma institución educativa y de la estatal Universidad de El Salvador o los libros que edita la jesuita UCA.

En cuanto a los medios no escapa a la crítica la desaparición de los archivos de imágenes del conflicto que grabó la cadena estadounidense de televisión NBC, que luego de borrar las cintas procedió a vender localmente los “cassettes” o peor aún la destrucción de archivos de El Noticiero de Canal 6, logradas desde 1987, cuando la guerra estaba en su fragor.

Y es lamentable que los principales periódicos nacionales a veces acudan a sus archivos de esos años aciagos, cuando sus noticias estaban basadas en hechos distorsionados de esos momentos difíciles de la historia nacional.

Pero merecen reconocimiento algunos reportajes periodísticos sobre esos hechos lamentables y especialmente programas radiales, como los de la nueva Radio Cadena Mi Gente.

“Memoria Viva” del fotoperiodista Iván Montecinos y “Huellas, Señales del Pasado” que producen y conducen el mismo Montecinos, José Luis Funes y Alberto Barrera.

La base está en el hecho de que pueblo que olvida está condenado a que hechos lamentables se repitan.

De ahí la importancia de que el olvido no sea colectivo. Que los niños desaparecidos en la guerra, hoy jóvenes encontrados con otras familias en el país, alguno de los vecinos, Estados Unidos o Europa, sigan apareciendo que sepan de su pasado y conozcan a sus familiares biológicas y conozcan la historia de su pasado.

Honor al sacerdote jesuita, Jon Cortina, por haber organizado e impulsado el trabajo de la Asociación Pro Búsqueda de Niñas y Niños Desaparecidos durante la guerra civil de más de una década, aunque falta mucho por hacer.

Una comisión gubernamental para el mismo objetivo apenas inicia sus labores en ese rumbo y algo han logrado, aunque bajo presiones internacionales.

Sería bueno que algún día en el país, muchas veces habituados a copiar ideas y proyectos, nos decidamos a imitar lo que no hace mucho hizo España al aprobar una Ley de Memoria Histórica, la que pese a duras críticas de algunos sectores, se regula y rescata lo necesario para que la amnesia no sea total.

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