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Testimonio de Rufina Amaya trasciende su muerte

Testimonio de Rufina Amaya trasciende su muerte

Publicado en el Diario Colatino (El Salvador) el 12 de diciembre de 2007

Gloria Silvia Orellana - Redacción Diario Co Latino

Fidelia Márquez Amaya, es una mujer de 43 años, llena de vitalidad y amor por los niños y aunque pasó desapercibida de los visitantes que llegaron por la víspera de la Masacre de El Mozote, se constituye en la heredera directa, no sólo de la sangre de Rufina Amaya, sino de una parte de la memoria histórica de El Salvador.Este 11 de diciembre de 2007, se cumplen 26 años de la masacre El Mozote, ejecutada por el ejército salvadoreño contra la población civil en el departamento de Morazán, documentada por el testimonio de Rufina Amaya, única sobreviviente y que murió el 6 de marzo pasado, tras un paro cardíaco, por padecimientos diabéticos.Fidelia llegó muy temprano por el camino de tierra negra que lleva al Mozote, rodeado por un grupo de cerros. El caserío guarda en sus entrañas la historia triste de miles de víctimas del conflicto armado de los años ochentaLa tumba de Rufina Amaya, a un lado del monumento que honra la memoria de las víctimas del Mozote, arranca las lágrimas de su hija mayor, al recordar esos momentos que vivió cuando tenía 16 años de edad junto a su esposo en el caserío Jocote Amarillo.“Recuerdo que nosotros huíamos de los dos (ejército y guerrilla), no queríamos estar en la guerra, pero, era por demás, estaba en un cerrito que se llama Perico, nos metimos bajo 2 grandes lajas (piedras lisas), con mi esposo, mi hermano Félix de 11 años y dos vecinitos, cuando vimos como estaban matando a la gente en La Joya …. les hacían formar una fila y luego, se oía las ráfagas de disparos, gritaban los niños, las mujeres… nosotros temblábamos hecho nudito bajo las dos piedras”.Fidelia había dejado el seno materno y tenía 4 meses de embarazo, y se llevó a su hermanito Félix de 11 años; su madre había fundado un nuevo hogar, del cual procreó 4 hijos más: Cristino, 9 años; Lolita, de 5 años; Marta Lilian, de 3 años, y la bebé Isabelita, de 8 meses.“Cuando nos dijeron que a todos los de El Mozote los habían matado… lloramos, porque sabíamos que ahí estaba nuestra familia… recuerdo que Félix, desesperado, decía …voy a buscar a esos compas y les voy a pedir fusil para ir a buscar a mi mamá… cuando de voz en voz, nos llegó el aviso… que había un sobreviviente nunca pensamos que era mi mamita”, recuerda.Rufina Amaya pasó su proceso de “shock” bajo el amparo de Matilde y Tránsito Luna, ancianas del lugar, que obligaron a Rufina a tomar agua, café amargo y a comer trocitos de tortilla para mantenerla con vida, posteriormente, llegó su hermano Juan, quien corroboró que era Rufina la sobreviviente.“Yo vi a mi madre 7 días después… me impactó verla, estaba como un esqueleto, toda transparente, pálida y los ojos inflamados de llorar… me vio y habló …me dijo: todos los niños se me murieron… todos quedaron allá, toda la gente las mataron… Dios me ha salvado… Dios me ha elegido para algo”, expresó la sobreviviente a su hija. Por la presencia militar desplegada por más de 15 días de ese diciembre de 1981, no fue posible ir a recuperar los restos de los hijos de Rufina.“Ella insistía (en ir a buscar los cuerpos de los hijos) pero no podíamos, así que nos fuimos a un campamento en Talchiga, que ahora es un exbolsón, estuvimos 15 días… después llegamos, no había nadie, sólo encontramos ropita de los niños… y un hedor de muerto… recuerdo muy bien ese olor fuerte de pólvora y carne quemada, cuando atacaron ese diciembre a La Joya, al Jocote Amarillo, se levantaba un olor fuerte a carne freída y el humo copaba todos estos cerritos”, relata Fidelia.Fidelia recordó que algunos sobrevivientes de otros lugares se lograron por avisos que los mismos miembros del ejército dieron a sus parientes.“Hubo un señor que me contó que un soldado le dijo, mire váyanse que los van a matar los del equipo especial que viene después de nosotros…. eran unos hombres que andaban en un helicóptero todos vestidos de negro y las caras pintadas de negro, pasaban frente a las casas y si miraban gente las partían a balazos … hubo niños que los cruzaron con los grandes cuchillos o los degollaron… porque si encontraban a las familias sin hijos, decían que eran de la guerrilla y no era cierto. Recuerdo que me fui de 15 años, pero me había casado y se fue mi hermanito conmigo… no estábamos en la guerrilla…. pero después de todo esto que vivimos nos incorporamos, mi hermanito Félix, murió en la guerra, fue bien triste todo”, recuerda.Hasta el comerciante más reconocido en El Mozote, Marcos Díaz, que contaba con un permiso extendido por el jefe militar de Gotera, murió, relata.“Él le dijo a mucha gente que se quedarán en el lugar, que los soldados habían dicho que no iba hacerle daño a nadie de El Mozote… mi mamá tenía una casita por Jocote Amarillo y se vino para acá buscando seguridad, igual que mucha gente que venía de otros lugares… la gente que vivía aquí trabajaba la caña de azúcar y el maguey… se hacían pitas y otras cosas, nadie estaba en la guerrilla”, afirma.Fidelia es fundadora, además, de la Asociación Pro Búsqueda de niños y niñas Desaparecidos durante el Conflicto Armado, y junto al Padre Jon Cortina, iniciaron la apertura de los primeros casos de las secuestros forzados.“Yo anduve con el Padre Jon en todo eso… sabemos que gente vio a un grupito de niños que fueron sacados de El Mozote… yo tengo fe que más de algún hermanito mío esta vivo en otro lugar… hay un militar también, que lo corroboró … y es que la niña ( Isabelita), era muy linda… quizás se la llevaron, tengo la esperanza y se lo prometí a mi madre de buscarlas”, dice Fidelina, con aires de fe y esperanza.“Recuerdo una vez en España que mi mamá dio su testimonio, nos pusieron en un cuarto bien lindo… y me dijo: mira hija, donde estamos por mis hijos… y lloró… le dije, ya no siga contando eso que le duele tanto… porque le hace daño a su salud y entonces me dijo: No, Dios para eso me eligió y no dejaré de hacerlo hasta el último día de mi vida”.La batalla contra la diabetes no la pudo librar Rufina, y es así, que el pasado 6 de marzo dejó de existir luego, de 4 paros cardíacos en el hospital de Gotera.

“Mi madre presentía que iba a morir… recuerdo que el acto del 11 de diciembre de 2006, mencionó que quizás ya no estaría, y ese 24 y 31 de diciembre bailó con sus nietos, su hijita Martita que tuvo después y con mi hermanito que se lo regalaron y nos dijo que era la última vez que lo hacía, que haría un viaje y que no iba a regresar, nos mando a ser unidos y seguir luchando por la verdad”.
“Recuerdo que entró en crisis, le pusieron ese aparato (bomba manual de oxígeno), mi madre murió sin ayuda de tanta gente que conoció, murió sólo conmigo… recuerdo que me apretó la mano y me dijo sé valiente… hija me llevan los ángeles… y murió”.Actualmente, Fidelia desea establecer un memorial itinerante de su madre, que contaría con un museo de fotografías, testimonios, y cosas que utilizó, y un pequeño restaurante donde la gente que lo visite puede quedarse a comer, por ahora, trabajamos la tierra con mis hijos y mis ahijados, dijo. 

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