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Washington amonesta a su aliado El Salvador para que frene la violencia
(publicat a El País, el 6/3/2008)
Sorpresa en el Gobierno salvadoreño por las duras críticas del embajador
JUAN JOSÉ DALTON - San Salvador - 06/03/2008 El embajador de Estados Undos en esta capital, Charles L. Glazer, formuló ayer duras críticas a El Salvador, debido a los altos niveles de criminalidad y corrupción judicial que se registran en el país y que, en su opinión, ahuyentan la inversión extranjera.
Las críticas han sorprendido, ya que El Salvador, como el propio embajador reconoció, es el más firme aliado de Washington en Centroamérica.Glazer, en un desayuno con empresarios de la Cámara Americana de Comercio de El Salvador (AMCHAM, por sus siglas en inglés), aseguró que "los expertos estiman que el costo del crimen [en El Salvador] alcanza un 11% del producto interno bruto PIB]", es decir, aproximadamente 1.800 millones de dólares, lo que el funcionario considera un "impuesto escondido" sobre todos los negocios.
En otro punto, dijo el diplomático que su país está ayudando con programas para combatir el narcotráfico y las pandillas y para mejorar los métodos de investigación y las leyes, pero advirtió que "no será fácil. Los recursos son escasos y la voluntad política, aún más".
Glazer criticó también la corrupción existente en el sistema judicial, algo que ahuyenta al inversor extranjero. A los jueces dijo: "Hay muchos que quieren seguir trabajando con los vicios de siempre". E hizo un llamamiento al Parlamento, a los órganos judiciales, al Gobierno, a la iniciativa privada y a la sociedad civil a que "den un paso adelante y hagan lo correcto para proteger a su país".Se dirigió especialmente a los empresarios, a quienes instó a "tomar una posición de liderazgo" para combatir el crimen que hace de El Salvador la nación más peligrosa del hemisferio occidental, con una tasa de homicidios de 60 por cada 100.000 habitantes, cuando la ONU califica de epidemia las tasas superiores a 10.
Hasta ahora, El Salvador no estaba acostumbrado a escuchar este tipo de críticas, especialmente en la etapa preelectoral que vive el país y en la que un ex director general de la policía, Rodrigo Ávila, se perfila como el hombre fuerte de la oficialista Alianza Republicana Nacionalista (Arena) en la candidatura presidencial para las elecciones de 2009. Por el momento, el favorito en las encuestas es Mauricio Funes, un reconocido periodista que representa al izquierdista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
Rutilio el Grande

(publicat al Diario Colatino, 11-03-2008 i fotografia de M. Antònia Cuscó)
José M Tojeira
El 12 de este mes se conmemora el 31 aniversario de su muerte.
Alguna gente sencilla, no acostumbrada al patronímico Grande, al recordar a este buen jesuita, suele poner el artículo antes del apellido.
Y porque dice una realidad, queremos titular así este escrito.
Al final quién es grande o pequeño en nuestra historia salvadoreña no se escribe con dinero ni mucho menos con fuerza bruta.
La grandeza se escribe con el corazón, con los sentimientos y con un pensamiento en el que hay coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace.
Al propio Rutilio le molestaría que le llamaran grande, con la equivalencia de hacedor de historia y constructor de futuro.
Era un hombre sencillo y que conocía muy bien sus insuficiencias y sus debilidades.
Pero precisamente por eso, y porque simultáneamente era un hombre de fe, sabía bien que el Señor puede hacer maravillas en la humildad de sus seguidores.
Y que la grandeza de ánimo, esa capacidad de tomar grandes decisiones en las que se implican la vida, la libertad, el amor y la solidaridad, es un patrimonio que corresponde con mayor frecuencia a quienes parten del reconocimiento de sus propias limitaciones.
La riqueza suele dar prepotencia, la sencillez generosidad.
Y efectivamente Rutilio fue un hombre ganado por la generosidad del Evangelio y deseoso de contagiar esa misma generosidad a sus hermanos y hermanas.
De hecho lo mataron cuando iba a dar los últimos sacramentos a una persona pobre en un catón. Solidario con los enfermos, con los pobres y con quienes padecían cualquier tipo de injusticia.
Su muerte nos descubre, año con año, lo terrible de nuestra propia historia y, simultáneamente, el derroche de bondad y trabajo que tantos hombres y mujeres buenos le han dejado como herencia a El Salvador.
Lo asesinaron miembros de la Guardia Nacional conocidos en Aguilares, hubo sobrevivientes del asesinato que conocían a los victimarios, pero ni siquiera se llegó a abrir el caso realmente.
Nadie investigó, nadie le dio seguimiento al homicidio. La impunidad era una plaga que golpeaba a demasiada gente y Rutilio se unió también a las víctimas que ni siquiera eran reconocidas como tales por el Estado.
Pero al mismo tiempo su muerte fue testimonio luminoso de la fuerza del Evangelio. Un hombre con debilidades que a la luz del espíritu de servicio que nace del Evangelio se entregó a la tarea de hacer conscientes de su dignidad cristiana a los miembros de su parroquia.
Dignidad de seres libres que deben buscar el bien, la justicia, el desarrollo, el respeto a sus propios derechos.
Un sacerdote que inició un proceso de formación, muy vinculado a la religiosidad popular y al modo de ser salvadoreño, que se convirtió en un modelo de evangelización ejemplar.
Evangelio de Jesucristo, realidad local y nacional, cambio social desde los valores más hondos de la Buena Nueva, fueron los elementos de aquel ver, juzgar y actuar que la Iglesia proponía en Medellín como elementos básicos de la Evangelización y que hoy siguen proponiendo nuestros obispos en Aparecida, con las observaciones que la experiencia ha ido dándonos.
Rutilio sigue, en ese sentido, siendo un hombre actual.
Su tiempo era distinto al nuestro, pero la impunidad y la injusticia siguen presentes con diferentes rostros y estilos.
Su vida y su muerte nos siguen diciendo que la realidad solamente se cambia con una generosidad radical como actitud personal.
Con solidaridad paciente y persistente con el mundo de los pobres.
Con diálogo permanente con los menos favorecidos y con estudio y reflexión sobre las causas de la pobreza y la injusticia. Y con propuestas organizativas en las que la gente asuma su papel protagónico en la lucha por el desarrollo, descubra al fuerza de su propia conciencia y asuma su plena dignidad de ser humano.
Recordar a Rutilio es recordar el único modo de hacer historia que lleva a El Salvador hacia lo positivo. Los intereses individuales exacerbados, la ambición de poder, el lujo y el exhibicionismo de la riqueza pueden crear mundos esplendorosos.
Pero son burbujas brillantes en medio de situaciones inhumanas. Rutilio, y por eso lo recordamos, marcó otra ruta.
La de la conciencia, el testimonio y la entrega generosa y solidaria de su vida al servicio de los demás. En el corrido que sus feligreses compusieron tras su muerte se dice: Ahí donde tu caíste - ahí dejamos tu cruz - que no es sólo de madera - sino que es también de luz. Bellas palabras de la fe popular que la historia reciente sigue confirmando.
La Guardia Nacional pasó a la historia salvadoreña como una institución violadora de los derechos de la gente a la que sólo conviene recordar para evitar su repetición.
Rutilio queda como luz, como ejemplo de generosidad, como signo vivo de ese amor cristiano a los más pobres sin el cual nunca habrá desarrollo ni humano ni verdadero.
Porque no es desarrollo verdadero el que necesita crear bolsas de pobreza para que una minoría viva bien.
¿Rutilio Grande? Sí, el mismo al que los campesinos en algún momento llamaron también, y con razón, Rutilio el Grande.
Los jesuitas de la UCA salvadoreña denuncian que la masacre de 1989 continúa impune
(publicat a El País el 14-03-2008)
El jesuita español José María Tojeira, rector de la Universidad Centroamericana (UCA) de El Salvador, denunció ayer en conferencia que el Estado salvadoreño es responsable de que la masacre de seis de sus sacerdotes (rectores y profesores universitarios), también miembros de la Compañía de Jesús, perpetrada en 1989 por una unidad especial del Ejército, aún permanezca impune.
Tojeira aseguró que el pasado 11 de marzo hubo en Washington una “reunión de trabajo” en la sede de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), “en la que el Estado salvadoreño evidenció que no ha cumplido en nada las recomendaciones que [la CIDH] emitió en 1999 y que consistían en investigar, identificar, juzgar y sancionar a todos los autores materiales e intelectuales del asesinato de los jesuitas Ignacio Ellacuría [rector de la UCA], Ignacio Martín Baró, Segundo Montes, Amando López, Joaquín López y López y Juan Ramón Moreno, así como de sus empleadas Julia Elba Ramos y Celina Ramos”. Tojeira aseveró que han pasado nueve años desde que se dictaron aquellas recomendaciones, pero el Estado no ha realizado avance alguno. “Creo que los familiares de los sacerdotes que eran españoles —Ellacuría, Montes, Baró, Amando López y Juan Ramón Moreno— están perdiendo la paciencia por la impunidad local y podrían llevar el juicio a tribunales españoles”, advirtió Tojeira.
Por su parte, el abogado Benjamín Cuéllar, representante de las víctimas ante la CIDH, cuestionó la moral y la ética del Estado salvadoreño por haber nombrado como su representante o “agente estatal” al abogado Carlos Méndez Flores, que defendió a los acusados materiales e intelectuales del asesinato de los jesuitas.La UCA achaca la responsabilidad de la masacre al entonces presidente, Alfredo Cristiani, y a su ministro de Defensa Humberto Larios, por omisión y encubrimiento, mientras que acusa a altos oficiales del Ejército como los autores intelectuales de la ejecución de los jesuitas, a quienes consideraban colaboradores de la guerrilla.
“Monseñor Romero no es santo, porque cuesta mucho el proceso y somos pobres”: Leonardo Boff
(Publicat al Diario Colatino del 24/03/2008)
Gloria Silvia Orellana
Redacción Diario Co Latino
La celebración del Vigésimo Octavo aniversario de la muerte martirial de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, trajo la visita de Leonardo Boff, doctor en Teología, Filosofía, y uno de los más importantes representantes de la Teología de la Liberación.
Nacido en Concordia, Brasil, ingresó a la Orden de los Frailes Menores Franciscanos en 1959.
Ahora, a sus 70 años, se encuentra retirado, lo que le ha permitido escribir más de 60 libros en áreas de teología, filosofía, antropología y mística.
Su aporte en la Teología de la Liberación fue motivada ante la indignación que le produjo la miseria y marginación de los pueblos, frente al discurso de la fe cristiana.
Profesor de teología por más de 22 años, afirmó haber tenido el privilegio de conocer a Monseñor Óscar Arnulfo Romero, en una reunión del CELAM, en Puebla, México, donde narró que lo llamó aparte para pedirle ayuda para “hacer una teología de la vida, porque en mi país, la vida no vale nada”.
- Diario Co Latino - ¿Por qué Monseñor Fernando Saénz, insiste cuando se habla de Monseñor Óscar Arnulfo Romero, que no debe politizarse ?
- Leonardo Bolff (LB) – Porque normalmente la política de la iglesia institucional era política de derecha, y se componía del “status quo”, no se daban cuenta que era una política peor.
Una política que pone como centralidad la vida amenazada, la justicia de los pobres, el rescate de la memoria de las culturas originarias, la dignidad de los seres humanos, y la sacralidad de la vida, esa para mí, es la política de Jesús, la política del Reino.
-Monseñor Romero evangelizó, pero para unos eso era política.
- LB – Para mí él no hizo política, hizo evangelización, esa es la política de Dios y uno tiene que hacerla, porque si no se hace, no estamos en la tradición de los apóstoles.
Cuando San Pablo visita a Pedro, para ver si estaba bien, y a ponerse de acuerdo, Pedro le preguntó ¿Y cómo tratás a los pobres?, esa es la esencia del evangelio pertenecer a los pobres.
Luchar por los pobres, es hacerlo por la vida… porque mueren antes del tiempo, su derecho a la salud, la vivienda, trabajo y su dignidad , es, a mi juicio, no hacer política, es hacer función pastoral de un Obispo en nombre del evangelio.
Es aquél que denuncia lo malo y anuncia lo bueno, que apoya a esos movimientos, que fortalecen los bienes del reino como la justicia, la compasión, la solidaridad y la centralidad de la vida.
- ¿Por qué entonces a 28 años de su muerte martirial aun no ha sido reconocido como Santo, por el Vaticano?
LB –Porque somos pobres, porque cuesta mucho el proceso de un Santo, entonces, América Latina tiene muchos santos, pero no canonizados, porque hay que pagar mucho por ese proceso.
Pero, creo que Monseñor Romero está canonizado en el corazón de su pueblo, porque todos los que articulan la fe cristiana, el discurso del mundo de la pobreza y la injusticia, que es de donde nace la liberación de él como un gran testigo.
Es un mártir, es una persona que tiene virtudes, santidad, que tiene una profunda irradiación de profunda verdad, bondad y tranquilidad de sentirse de la mano de Dios y no tener miedo de las amenazas de muerte.
Creo que pasado un tiempo dentro de 40 ó 50 años, después que todo haya pasado me pregunto ¿quiénes serán los referentes de la iglesia en América Latina?, será Romero, Angeleri, Elder Cámara, y tantos que han sido sacrificados.
Recordemos que hay muchos religiosos, laicos, catequistas, personas de las comunidades de base de los círculos bíblicos, que por el sencillo hecho de tener una Biblia en su casa fueron perseguidos, esos son los mártires anónimos, y es a todos ellos hay que rescatar su memoria, porque tuvieron la actitud correcta.
-¿Entonces los postulados de la Teología de la Liberación siguen vigentes, en este siglo?
La Teología de la Liberación nació escuchando el grito de los oprimidos, de los pobres económicamente, de los indígenas, de los negros, de las mujeres, eran muchos gritos de los rostros de la pobreza.
Y ocurre que esa pobreza no sólo sigue, sino que se ha profundizado a nivel del mundo. Hay un grito enorme de la humanidad, hay un escenario de sufrimiento, un inmenso vía crucis de la humanidad.
No solamente los pobres gritan ahora, gritan también la tierra, los animales, las plantas, ya que, también son oprimidos y mientras esos gritos siguen habrá siempre cristianos que lo escuchen y hagan el seguimiento de Jesús y Dios, vamos a actuar y vamos ayudar a esta gente para que haya más justicia y más esperanza de vida.
- ¿Y siempre serán señalados de un pensamiento político?
LB – Recordemos que Jesús fue un mártir, fue un perseguido, fue calumniado por sus propios hermanos, así que, la Teología de la Liberación, tendrá a mi juicio, actualidad y ahora mucho más, que la situación es más grave que cinco años atrás.
-¿Cómo vio usted a Monseñor Romero?
LB - Monseñor Romero vivió dos pasiones, una fue la pasión por Dios en su dimensión religiosa y la pasión por el pueblo, por los pobres. Y su única pasión, un amor entrañable que ama a los suyos hasta el final de su martirio.
-¿Es un mártir contemporáneo?
LB – Hay que entenderlo bien, normalmente se entiende como mártir aquella persona que da su vida y testimonio de una verdad religiosa, de una dogma, de una afirmación bíblica, y son los grandes mártires de la tradición cristiana que de cara a la persecución tomada de cara al cristianismo, preferían morir que sacrificar al emperador sus dioses.
El martirio tiene un significado más grande, no solamente mártir por la fe, sino también, en consecuencia a lo que la fe implica, que es justicia y amor, que es la única fe que salva, cuando es formada por el amor, y dado a aquellos que más lo necesitan.
Entonces Monseñor Romero vivió su dimensión profunda de pasión por Dios y por los pobres, como consecuencia de esa justicia que viene de la fe y la única que salva, dio testimonio de Jesús, que lo llevó hasta el final de su martirio. Monseñor Romero derramó su sangre y dio su vida; para mí es un mártir de los valores de liberación que nace de la fe, de los pobres y así será siempre. Un Santo que fue canonizado por todos nosotros.
Racó literari sobre El Salvador a la Biblioteca de Palafrugell
Monseñor Romero, una voz que sigue presente en El Salvador

(publicat al Diario Colatino de 24/03/2008)
Iván Escobar
Redacción Diario Co Latino
Hoy hace 28 años, fue asesinado por escuadrones de la muerte, en medio de una crisis social y política en El Salvador, el Arzobispo de San Salvador, Monseñor Oscar Arnulfo Romero.
Muerte que quiso callar al Pastor, pero que su voz suena más agudo hoy y más que ausencia ha sido un referente para las nuevas generaciones de salvadoreños.
Caracterizado por ser un fiel acompañante de la clase más pobre de este país y crítico de las injusticias sociales, Monseñor Romero fue durante su trayectoria un ejemplo a seguir, aspecto que sigue preservando actualmente.
Luego de su crimen, el 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba una misa en la capilla del Hospital de la Divina Providencia, en la Colonia Miramonte, el religioso ha logrado responder a muchos que cree en él y lo consideran un Santo.
Del crimen del religioso se responsabiliza, según el Informe de la Comisión de la Verdad, al ex mayor Roberto D´Abuisson, fundador del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), hecho que consideran que debe ser reconocido por el Estado salvadoreño y sobre todo por el gobierno de turno, quien aun se niega en cumplir tres recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CDIH), emitidas en el 2000 “y que prácticamente han sido ignoradas”, lamenta Antonio Barrera, de la Coordinadora Ecuménica de la Iglesia de las y los Pobres de El Salvador (CEIPES) y Comité Monseñor Romero.
Y es que hablar de Monseñor Romero, a casi tres décadas de su asesinato, es hablar de una persona que “caló” en la sociedad salvadoreña, y que sigue “contagiando a los jóvenes”, considera Barrera.
Ahora más que nunca, consideran muchos, sus mensajes, que acompañaron a los salvadoreños a finales de los 70´s y principios de los 80´s, durante sus homilías dominicales, se mantienen vigentes.
Algunos católicos le dan la característica de “profeta” y la gran mayoría de Santo.
De hecho, en Roma, Italia, se lleva un proceso de Canonización.
En el Vaticano, la “Congregación para las Causas de los Santos”, ha logrado avanzar en el proceso.
“Las frases de Monseñor Romero son certeras y calan en lo más profundo”, señala Barrera, quien destacó que a 28 años del asesinato del “viejito Romero”, como también le llaman, las comunidades y sobre todo el pueblo romerista, “tenemos la oportunidad para recordar al país y al gobierno de turno que hay una deuda con la memoria histórica”.
De parte del pueblo, puntualizó Barrera, existe todo el interés de perdonar a aquellos que le asesinaron, siempre y cuando el Estado cumpla con lo solicitado por la CIDH, organismo de la Organización de Estados Americanos (OEA), y que en el 2000, planteó tres cosas: una investigación completa e imparcial; reparación a las víctimas a consecuencia de violaciones a Derechos Humanos; y la derogación de la Ley de Amnistía, aprobada en 1993, y que imposibilitó en El Salvador, juzgar a responsables de violaciones de derechos humanos, durante la guerra civil de más de 12 años.
“CEIPES, estamos por el perdón que se constituya sobre la base de la aceptación… queremos perdonar a D´Abuisson, al partido ARENA, pero sobre la base de que pidan perdón”, enfatizó Barrera.
En este 28 aniversario del martirio de Monseñor Romero, sus seguidores consideran que su voz sigue resonando en el pueblo y más allá de las fronteras. “Recibimos este aniversario con alegría, ya no es dolor y martirio sino recordar esperanza de que Monseñor Romero, peleó por su pueblo”, añadió Barrera.
Resucitaré en el pueblo
La frase “y si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”, pronunciada por Monseñor Romero, hace más de 28 años, sigue vigente en el pueblo, y con mayor fuerza en las generaciones jóvenes que ni siquiera le conocieron pero se identifican con su pensamiento.
“Él significa un ejemplo para las nuevas generaciones… con Monseñor Romero, a los cipotes nos les da pena sentirse atraídos por él. Romero pega y tiene su propia capacidad de convocatoria”, concluyó Barrera.
Extracto de la homilía de Monseñor Romero, pronunciada el 23 de marzo de 1980, un día antes de su asesinato: “…Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército, y en concreto a las bases de la guardia nacional, de la policía, de los cuarteles.
Hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que dé un hombre, debe de prevalecer la Ley de Dios que dice: NO MATAR... Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios... Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla... Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado... La Iglesia, defensora de los derechos de Dios, de la Ley de Dios, de la dignidad humana, de la persona, no puede quedarse callada ante tanta abominación.
Queremos que el Gobierno tome en serio que de nada sirven las reformas si van teñidas con tanta sangre... En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo, cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión ... !”
El asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero
(publicat al Diario Colatino el 27/03/2008)
Iván C Montecinos
El pasado lunes se conmemoró un aniversariomás del asesinato de Monseñor Oscar Arnulfo Romero, ocurrido el 24 de marzo de 1980.
Como era de esperar, miles de personas recordaron con mucho fervor esta histórica fecha que marcó la vida de las salvadoreñas y los salvadoreños.
Recordando aquel fatídico lunes 24 de marzo de 1980, cuando la relativa tranquilidad de la Universidad de El Salvador, fue abruptamente interrumpida poco después de las cinco de la tarde, al escucharse por los altoparlantes de la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS), la terrible noticia de que Monseñor Oscar Arnulfo Romero había sufrido un atentado, inmediatamente se paralizaron las actividades.
Cuando minutos después, por los mismos altavoces, se confirmó la muerte de Monseñor Romero, en un primer momento en la universidad hubo un sepulcral silencio, pero, segundos más tarde, todas las personas que ahí se encontraban entraron en pánico y se produjo una histeria colectiva que provocó que todos corrieran en desbandada, atropelladamente, para salir del recinto universitario, increíble, pero en menos de cinco minutos aquel lugar quedó totalmente vacío.
En un primer momento mi reacción fue agarrar las cámaras y salir para el Hospital Divina providencia; pero era tan fuerte la impresión de terror colectivo en la universidad, que, al igual que todos, también me llené de pánico y salí huyendo. No era para menos, la reflexión generalizada en aquel momento fue: “ Si han asesinado a Monseñor Romero, en este país matan a cualquiera”.
Esa negra noche del asesinato de Monseñor Romero, el miedo se extendió por toda la capital, al grado que sus calles a tempranas horas quedaron vacías. El silencio nocturno fue interrumpido por el estruendoso ruido de bombas que se escucharon por largo tiempo en la capital, de esa manera las organizaciones populares manifestaban su dolor y cólera por el vil asesinato de quien fuera el guía espiritual de todo un pueblo sometido a una irracional represión gubernamental y militar.
Cuando el féretro con el cuerpo del Obispo asesinado llegó a la Catedral, comenzaron a desfilar miles de personas que querían mirarlo por última vez, aquí se pudo observar especialmente a gente de los estratos pobres muy humildes como campesinos, estudiantes, religiosos, profesionales, obreros quienes con un profundo silencio y un especial respeto veneraban a Monseñor Romero, en muchos casos depositando una lágrima sobre el ataúd a la vez que lo tocaban y se persignaban. Mientras tanto, miembros de las comunidades cristianas, a un costado de la iglesia, se mantuvieron en constante vigilia durante la semana que duró el homenaje póstumo a Monseñor.
Inmediatamente que se conociera la noticia del asesinato de Monseñor Romero, comenzaron a llegar al país grandes cantidades de periodistas, fotoperiodistas y equipos de televisión que venían a darle cobertura hasta en los mínimos detalles a este lamentable acontecimiento que fue portada de periódicos, noticieros radiales y de televisión mundial.
El entierro de Monseñor Oscar Arnulfo Romero fue programado para el Domingo 30 de marzo, inicio de la Semana Santa. Con gran expectativa se esperaba que asintieran a las exequias, miles de salvadoreños, así como numerosas delegaciones diplomáticas, políticas y religiosas de muchos países, a pesar de que se respiraba un ambiente de inseguridad e intranquilidad.
Aquel Domingo de Ramos, día del entierro, los millares de fieles comenzaron a llegar a Catedral desde muy temprano, muchos portaban las tradicionales palmas de Semana Santa y otros llevaban fotografías del pastor asesinado, también las organizaciones populares, religiosas y sociales llegaban portando mantas alusivas a Monseñor, algunas fueron colocadas en el exterior del Palacio Nacional. Muy pronto la iglesia y la Plaza Cívica estaban completamente abarrotadas.
En un determinado momento, alrededor de las 11 de la mañana, yo me encontraba haciendo fotografías desde la parte alta de Catedral, cuando se escuchó una fuerte explosión proveniente de un costado del Palacio Nacional, donde se observó una espesa columna de humo.
Enseguida comenzó un fuerte tiroteo que provocó que las miles de personas en la plaza corrieran desesperadamente, buscando la protección en el interior de la iglesia, en este intento murieron muchas personas aplastadas por la descontrolada muchedumbre.
Inmediatamente que el tiroteo se calmó, el centro de la capital se convirtió en un verdadero caos, los muchachos de las organizaciones populares voltearon y quemaron vehículos y un miedo insuperable invadió a las millares de personas que abandonaron con temor la concentración de los funerales del profeta asesinado.
El horrendo magnicidio de Monseñor Oscar A. Romero, en cierta manera, marcó para siempre la historia de los salvadoreños, es uno de los hechos más trascendentales del país en el pasado siglo. No se podía creer cómo grupos extremistas de la derecha llegaran hasta el punto de asesinar al máximo obispo de la Iglesia Católica.
Cuentan que mientras miles de personas humildes hacían vigilias y lloraban la muerte de Monseñor Romero, un puñado de políticos de la derecha y de adinerados celebraron este asesinato con sendas fiestas donde abundó el licor fino y la buena comida.
Cabe mencionar que tras la mano de la nefasta persona que empuñó la maldita arma que asesino a Monseñor Romero, existió toda una campaña orquestada por la derecha de este país, quienes a diario publicaba en los principales periódicos sendos campos pagados, firmados por personas y agrupaciones fantasmas que arremetían y vilipendiaban el pensamiento y el cristiano accionar de quien fuera el máximo representante de la iglesia.
Hoy, a 28 años del martirio de Monseñor Romero, miles de personas desfilaron por las calles de San salvador portando carteles alegóricos y entonando lindas canciones que recuerdan la vida de tan ilustre personaje. En la cripta de catedral, donde se encuentra la tumba, se congregaron muchos feligreses para recordar con cantos y anécdotas de lo que pasaba Monseñor cuando visitaba las comunidades campesinas de Chalatenango y le tocaba enfrentarse a los retenes militares que sin ninguna consideración lo detenían y lo sometían a interrogatorios.
Casi tres décadas han pasado desde aquel fatídico día 24 de marzo de 1980 y todo un pueblo espera con ansias justicia por este horrendo crimen y por el momento en que la Santa Sede del Vaticano ratifique la que es ya una determinación universal de declarar a Monseñor Oscar Arnulfo Romero Galdámez, como nuestro SAN ROMERO DE AMÉRICA.
“Y ahora escribe” Iván C Montecinos, Periodista colaborador de Raíces y Diario Co Latino.
El Salvador en deuda con desaparecidos: Amnistía Internacional
(publicat al Diario Colatino el 29/03/2008)
Gloria Silvia Orellana
Redacción Diario Co Latino
En un comunicado de prensa, Amnistía Internacional reiteró la “deuda” de justicia que tiene el gobierno con los niños desaparecidos y niñas desaparecidas durante el conflicto armado en la década de los 80.
“Amnistía Internacional vuelve a exigir al Estado salvadoreño que cumpla con sus obligaciones establecidas en el fallo de fondo y requerimientos posteriores de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sobre el caso de las Hermanas Serrano Cruz”, afirma dicha organización.
El llamamiento es debido a que, tres años después del fallo, los puntos sustanciales de la sentencia aún permanecen incumplidas por parte del gobierno en turno, que al no identificar a los responsables de la desaparición, cometen permanentemente esa violación a la integridad física de las hermanas Serrano Cruz. “El Fiscal General (Félix Garrid Safie) y el Presidente de la República , (Elías Antonio Saca), entre otras autoridades, deben tomar todas las medidas a su alcance para facilitar las investigaciones” señala el documento.
Amnistía observa que desde la creación de la Comisión Interinstitucional de Búsqueda de Niños y Niñas Desaparecidos a consecuencia del Conflicto Armado de El Salvador, en 2004, este organismo ha tenido un papel pobre e insatisfactorio.
El informe señaló que la comisión sólo ha resuelto 30 casos y la mayoría de éstos no se refieren a desapariciones forzadas.
“Más de 700 niños y niñas han sido señalados como desaparecidos, durante el conflicto armado interno en El Salvador (1980-1992). Gracias a los esfuerzos de organizaciones de la sociedad civil más de 300 han sido localizados. Sin embargo, este día, Amnistía Internacional quiere destacar que la tarea de ubicar a estos niños y niñas es, ante todo, «es una obligación estatal”.
Por su parte, Pro-Búsqueda informó que la Comisión Interame- ricana de Derechos Humanos admitió dos nuevos casos de desaparición forzada de niños y niñas, bajo la responsabilidad de la Fuerza Armada.
Los casos son de la niña Emelinda Lorena Hernández y el niño Santos Ernesto Salinas, iniciados a partir de demandas presentadas por Pro-Búsqueda en las que se denunció al Estado salvadoreño por su responsabilidad en la desaparición forzada y la falta de justicia, en acciones para dar con su paradero.
Emelinda Lorena Hernández desapareció forzada por el Ejército salvadoreño, el 12 de diciembre de 1981 en el Cantón La Joya, jurisdicción de Meanguera, en el Departamento de Morazán, en un operativo militar realizado por el Batallón Atlacatl.
Santos Ernesto Salinas desapareció, a manos de la Fuerza Armada, el 25 de octubre de 1981.
Pro-Búsqueda seguirá investigando los casos de desapariciones forzadas de niños y niñas durante el conflicto armado, bajo el compromiso de que exista justicia para sus familiares sobrevivientes.
Exigir que se haga justicia y que no se repitan los crímenes de lesa humanidad, es el propósito del evento que este sábado realizará en el Monumento Memoria y Verdad, en el Parque Cuscatlán, la Asociación Pro Búsqueda de Niños y Niñas Desaparecidos.
La actividad con testimonios y conciertos se enmarca en la Conmemoración del Día de las Niñas y Niños Desaparecidos, que por decreto de la Asamblea Legislativa se celebra cada 29 de marzo.